07 mayo 2013

Cuando hace frío

"Y poder pensar y poder decir, y reconocer que tú haz cambiado...a mí"
La lluvia trae tanto...



Seis de Mayo

"Tengo más frío que razones. Más miedo que vergüenza, más inconsecuencia que raciocinio.
Hoy me quedé en casa, en la cama, en la que solía llamar nuestra cama, pero que técnicamente no era ni tuya ni mía.
Qué gracioso es cuando consideras algo como propio y resulta que nunca fue, ni será tuyo.
Cosas, que me encanta llamar de esa manera absurda y ambigua; cosas, como la inspiración que te llega de improviso, como la música que pone el vecino mientras duermes, y que se fusiona con tu sueño.
¿Recuerdas cuando creí oír a Elvis en uno de mis sueños? Ese fue uno de los momentos que quise fuese mío.
Pero las cosas, en su esencia, no tienen dueño.
Me quedé en la cama y en sueños me regodeé, sumida en la ignorancia.
A las diez de la mañana la casa suele oler a humo mezclado con varas de canela. Hoy sólo olía a humedad y cera para piso.
Me levanté en polera y ropa interior. Caminé hasta la cocina y miré dentro del refrigerador. Quise preparar el desayuno, pero al final sólo comí una manzana.
Caminé hasta el ventanal y miré al patio. Sé que si me hubieras visto me hubieses dicho que se puede ver todo desde la casa de los vecinos. Y que yo con mi polera que no llega más allá de la cadera y mis piernas desnudas, dejo poco a la imaginación. Entonces sólo sonreiría y te diría que me gusta que miren y no puedan tocar. No es provocar, añadiría,  es sólo un juego tácito entre ellos y yo.
Miré hacia la ventana del vecino. No había nadie.
Fui a la sala principal y me senté en el sillón. En ese pequeño de color negro. Ese que te absorbe cuando te sientas en él. Pensé en ver televisión, pero deseché la idea al instante.
Decidí pintarme las uñas de los pies.
Los pasos en la calle se oyen desde este punto de la casa. El cartero en bicicleta, el perro que ladra, la vecina barriendo, el furgón escolar. Todo resuena en mi cabeza mientras paso el pincel sobre las uñas. Todo queda plasmado en el pequeño universo hecho de esmalte escarlata, todo cuanto fue y cuanto es. Todo.
Las horas pasan y yo sigo en este estado. Sentada en polera y ropa interior mirando mis uñas, mirando a la calle, mirando a la televisión apagada, mirando a las aves entrar y salir del techo contiguo a mi casa, mirando a la gente que pasa por fuera, esperando a que me vean. Y aunque sé que hay una cortina que separa mi ventana de la calle, espero a que me vean. Juego a que me descubren mirando, a que el vecino me descubre mirando. A que tú me descubres mirando.
Pero no. Tú ya no eres mío. Las "cosas" no tienen dueño. "Nuestra" cama ya no es nuestra. "Todo", ya no tiene el significado que alguna vez tuvo.
Hoy escuché la alarma, me senté en la cama a recordar por qué me tenía que levantar. Sabía que tenía cosas que hacer, pero aún así me quedé en la casa. Miré el techo, me tapé con la frazada lentamente. Cerré los ojos y respirando en silencio ya no pensé en nada.
Hoy, preferí dormir."