14 noviembre 2012

"Bailando con la Metáfora".

       "Miró por la ventana, sin saber qué era realmente lo que hacía. Como esas acciones que se cometen sin un propósito, ésas que se desatan de manera maquinal.
Encendió un cigarrillo,  mientras fijaba su mirada, buscando un punto no tan lejano, utilizando el mínimo esfuerzo por parte de su cuello y su cabeza, aún agobiados por el ajetreado día. Sólo a unos cuantos centímetros de inclinación, encontró el vacío entre los tejados de las casas vecinas.
El humo saliendo lentamente por su boca, la hizo olvidar. Aunque fuese por unos segundos, olvidó su patética situación. Concentrándose por completo, en la acción de inhalar y exhalar.
Mirando cómo el pequeño tubo de tabaco se consumía entre sus dedos. Observando a la persistente flama, que se expandía hasta el filtro del cigarrillo, pensó en lo que el toque de sus labios y un poco de aire podían hacer si trabajaban en conjunto... Entonces hizo la conexión entre las ideas. Visualizó la maldita metáfora de su vida amorosa, en la simple imagen del cigarrillo consumiéndose bajo sus labios.
Sintió como le comenzaba a arder el cuerpo. Sintió como le temblaban las piernas. Se sintió como su pequeño cigarrillo, indefenso a merced del aliento, pero anhelante a ser consumido por esos labios, que aunque significarían su extinción, a la vez se traducen en la epítome de su propósito. Pues para qué más se crearon los cigarrillos, si no fue para morir bajo el suspiro intenso del consumidor.
El fuego casi le tocaba los dedos. La desesperación le invadió las entrañas. "Yo soy el cigarrillo, bajo sus labios", murmuró con torpeza.
Miró con pánico como el cigarrillo se apagaba, entonces por un instante quiso salvarlo de su muerte. ¿Si aplicaba más fuego, tal vez...? No, eso sólo lo empeoraría. Lo vería morir ante sus ojos, y eso significaría la aceptación de la metáfora. Y jamás aceptaría tal derrota.
Entonces comprendió que no era sólo el cigarrillo el que dependía de su aliento para cumplir con su cometido. Sino, que a la vez el consumidor era dependiente de lo que el cigarrillo le brindaba. Pasión, ocio, contemplación, reflexiones tardías, enamoramiento y más, todo envuelto en un humo grisáceo...
Así que decidió que lo dejaría cumplir con su misión. Inhaló profundamente y lo vio desaparecer al final del filtro.
Sonrió mientras apagaba la colilla en el cenicero que estaba sobre su escritorio.
Quizás, la ambivalencia fuese compartida, pensó.
Entonces se aproximó a la cama, se tapó lentamente hasta el cuello, y dejó que el sueño dominara su cuerpo".

06 noviembre 2012

"Comidilla de la conciencia"

         "Realmente me ofendo por cosas superfluas... El hecho de estarlo escribiendo como una niña boba, me enferma.
Me vuelvo más siútica con la edad.
Todos dicen: "No te tomes las cosas tan enserio". Pero tampoco hay que descuidar aspectos de tu vida.
Osea, lo que realmente impera aquí, es encontrar equilibrio entre estos dos puntos.
El equilibrio entre ser preocupada, pero no neurótica. Entre ser relajada, pero no descuidada...
Y ahí mi cerebro sufrió un shock.
¿Cómo esperan que una persona haga tantas cosas a la vez?
Y yo, que feliz miraría mi vida de lejos. Así, alguien más tomaría las decisiones, y yo sólo tendría que respirar.
Bastante absurdo mi anhelo, pero a veces me gustaría no tener que pensar tanto.
Cuando me dijeran algo, no buscarle un trasfondo. No manosear una simple frase, que siempre fue y será eso. Una simple frase.
Si te dicen algo, es así. Literal.
Me suele suceder, que me quedo con alguna frase o un gesto que alguien realiza hacia mí. Y le doy vueltas, una y otra vez.
Lo manoseo entero, ya? Esa es la cosa.
Me gustaría ser menos racional. Quitar esa indecisión morbosa.
Sí morbosa, porque está clavada en mí de manera inherente, y ya no sé si es parte de mí, o si ha cobrado vida propia, y ahora es ella la que controla todo."