El viento toca mis palmas.
Quiero sacar la cabeza por la ventana, pero sé que sería un acto imprudente.
Oscilando de arriba a abajo, la mano crea una onda rítmica que viaja directo desde los ojos, hasta el espejo retrovisor ubicado a la derecha. Son casi las 22:00 horas.
Siento mi piel desvanecerse en mi cráneo. Se derrite como mantequilla al sol.
La radio suena con ferocidad, quiero alcanzar el panel y cambiar de estación, pero no alcanzó a hacerlo. En ese instante ya suena la temida canción - "And I do believe it´s true" - las ondas sonoras ya viajan a mis tímpanos, esparciéndose hasta la zona más recóndita de mi aparato auditivo, hasta lo más hondo de mi cerebro, hasta lo más hondo de mi alma - "That there are roads left in both of our shoes" -
El aire acondicionado lucha contra el viento por la supremacía del auto. Es eso lo que sé, lo que conozco, lo que añoro. Y aún en mis mejores días, rechazo.
No quiero ver caer mi convicción ante lo absurdo de este momento, pero hay algo en el ambiente, en este híbrido de aire artificial-natural que me marea y doblega.
Quiero detenerme antes de colapsar, mas mis manos yacen adheridas al volante. El cuerpo se endurece bajo el acero de la melodía. El aire se transforma en agua, aprisionando cada átomo de oxígeno en mis pulmones. Son las 22:30.
Los tonos grises salen de su lugar, los verdes corroen mis párpados, el rojo ya no es rojo, ni bermellón, ni terracota o carmesí, es fuego abrasador que avanza a velocidad relativa, es decir que seré capaz de esquivar, pero que mi cuerpo no será capaz de presenciar.
La sustancia llega a mi sistema nervioso, proyectando mi alma en la canción. Gritando incontrolablemente cacofonías que se parecen a otras que alguna vez nombré en sueños, pero no. No son aquellas, ni esas, ni siquiera son. Tal vez lo inventé todo.
Y el silencio - "But if the silence takes you, then I hopes it takes me too" -
Un parpadeo lento, el borde del mundo se acerca.
El auto se eleva con el oscilante/ silente/ aislado movimiento del alba, siguiendo patrones curvos y circulares.
Las 22:45 y mi razón se apega al reloj en el tablero. Queda poca gasolina, esperen. "E" es lleno o "F" es lleno. Da igual, el maletín sigue en los asientos traseros. Y mi corazón así mismo sigue en su lugar.
Acaricio el borde de goma del volante, deseándolo como nunca - "So brown eyes I hold You near, cause You're de only song I want to hear" - Llegando al borde rocoso, siento el devenir de las penas pasajeras. Tu mirada triste en los ojos de todos. La cabeza gacha, las manos sudorosas y ya no siento dolor.
Mi frente galopa a lo lejos, muy cerca de las luces marinas. El auto ya no es auto, es una ballena purpúrea que se agita lejos de mí. Mi cuerpo es agua y fuego a la vez, te siento en mi oído diciendo tus últimos suspiros - "A melody softly soaring through my atmosphere" - y con todo esto digiriéndose en mi estómago, duermo; queda esa idea tonta que escapa por entre mis molares. Esa, que mi mente nunca procesó, hasta ahora. Esa, que te conté en algún momento de embriaguez. Embriaguez que no era mía, sino que más bien era la emoción colectiva de muchos "Tú y yo" condensados. Esa idea que me quemó la laringe al brotar por mis labios - Esa - Esa es la que queda en mi mente antes de irme y plantar esta leyenda.
Cada vez que el licor baje por sus gargantas será como escucharme decir: "Eso fui. Ardor en tu pecho y esa sensación de atontamiento que tanto nos gustaba".
Canción de: Death cab for cutie; "Soul meets Body"
13 septiembre 2013
02 septiembre 2013
"Somos. Eso creo"
Las partes sensibles de mi cuerpo responden al tacto. Sí, al tacto y al hecho de que pienso en ti.
Creo recuerdos inexistentes, imagino memorias que no tienen sentido. No, no al menos para la naturaleza de nuestra relación. Porque eres dulce conmigo, amable y considerado; pero tu conducta no tiene trasfondo. ¿He de pensar que sólo lo haces porque eres una buena persona? ¿He de concluir que lo haces porque eres mi "amigo"?.
Mis manos bajan a lo profundo, puedo sentirte junto a mi. Tu respiración en mi oído, tus labios rozando mis mejillas. Es extraño, pero aunque te imagino, no logro vislumbrarte por completo. Sólo logro ver letras, palabras expresadas tras un frío recipiente, que pretende emular a la vida real; al boca a boca.
Simulo ver tus labios emitir dichas palabras, simulo ver tus facciones moverse al vaivén de tus emociones, imagino finalmente ver tus ojos brillar con cada palabra torpe que exprese hacia ti.
El movimiento se vuelve frenético, rodeando lo agresivo. Y mi boca suelta como agua, te nombra una y otra vez. Siento como mis pies se contorsionan inquietos, y así mismo puedo sentir el martilleo en mis oídos, que sólo indica que mi corazón bombea de manera incontrolable; escondida tras el velo de las sábanas te vuelvo a invocar en un suspiro final (...)
Descanso de espaldas y así mismo le doy la espalda a la idea de que esto se haga realidad algún día; Es mi amigo- digo de manera silente -es mi amigo y eso es todo lo que será-
La vergüenza llega a mis pómulos y desde ahí hasta mi cerebro será sólo un cuarto de segundo. Tapo mi rostro con las sábanas -Nunca debí hacer esto, soy una mala persona- Siento con firmeza las ganas de llorar, sin embargo desde alguna parte lejana de mi mente llega la noción correcta -en estos casos no hay cabida para la moral- Saco las sábanas para poder respirar y con ello dejo que mis divagaciones se evaporen.
La respiración se vuelve pausada, siento el peso del sueño pulsando en mi sangre. No quiero volver a dormir, por miedo a soñar contigo. Así que sólo me quedo inerte, tratando de pensar en minucias del día.
Mi celular brilla en la oscuridad, vibra con suavidad y con ello sé que tratas de contactarme. Cierro los ojos haciendo caso omiso a tu petición.
Nuevamente suena el celular y así mi convicción se esfuma. Me siento en la cama y veo el maldito aparato esclavizador. Mis ojos viajan por la pantalla buscándole un sentido a lo que escribes. Sonrío sin darme cuenta.
Recreo las pocas veces que nos vimos, para darle un rostro a tus palabras.
Y ahí estas en mi mente otra vez. Eres un fastidio sin siquiera saberlo, una tortura para mi raciocinio, un dolor enorme en el corazón... Pero para qué ser tan melodramática si al final soy tan masoquista; como tú ingenuo. Porque ambos seguimos pensando que somos "sólo amigos."
Creo recuerdos inexistentes, imagino memorias que no tienen sentido. No, no al menos para la naturaleza de nuestra relación. Porque eres dulce conmigo, amable y considerado; pero tu conducta no tiene trasfondo. ¿He de pensar que sólo lo haces porque eres una buena persona? ¿He de concluir que lo haces porque eres mi "amigo"?.
Mis manos bajan a lo profundo, puedo sentirte junto a mi. Tu respiración en mi oído, tus labios rozando mis mejillas. Es extraño, pero aunque te imagino, no logro vislumbrarte por completo. Sólo logro ver letras, palabras expresadas tras un frío recipiente, que pretende emular a la vida real; al boca a boca.
Simulo ver tus labios emitir dichas palabras, simulo ver tus facciones moverse al vaivén de tus emociones, imagino finalmente ver tus ojos brillar con cada palabra torpe que exprese hacia ti.
El movimiento se vuelve frenético, rodeando lo agresivo. Y mi boca suelta como agua, te nombra una y otra vez. Siento como mis pies se contorsionan inquietos, y así mismo puedo sentir el martilleo en mis oídos, que sólo indica que mi corazón bombea de manera incontrolable; escondida tras el velo de las sábanas te vuelvo a invocar en un suspiro final (...)
Descanso de espaldas y así mismo le doy la espalda a la idea de que esto se haga realidad algún día; Es mi amigo- digo de manera silente -es mi amigo y eso es todo lo que será-
La vergüenza llega a mis pómulos y desde ahí hasta mi cerebro será sólo un cuarto de segundo. Tapo mi rostro con las sábanas -Nunca debí hacer esto, soy una mala persona- Siento con firmeza las ganas de llorar, sin embargo desde alguna parte lejana de mi mente llega la noción correcta -en estos casos no hay cabida para la moral- Saco las sábanas para poder respirar y con ello dejo que mis divagaciones se evaporen.
La respiración se vuelve pausada, siento el peso del sueño pulsando en mi sangre. No quiero volver a dormir, por miedo a soñar contigo. Así que sólo me quedo inerte, tratando de pensar en minucias del día.
Mi celular brilla en la oscuridad, vibra con suavidad y con ello sé que tratas de contactarme. Cierro los ojos haciendo caso omiso a tu petición.
Nuevamente suena el celular y así mi convicción se esfuma. Me siento en la cama y veo el maldito aparato esclavizador. Mis ojos viajan por la pantalla buscándole un sentido a lo que escribes. Sonrío sin darme cuenta.
Recreo las pocas veces que nos vimos, para darle un rostro a tus palabras.
Y ahí estas en mi mente otra vez. Eres un fastidio sin siquiera saberlo, una tortura para mi raciocinio, un dolor enorme en el corazón... Pero para qué ser tan melodramática si al final soy tan masoquista; como tú ingenuo. Porque ambos seguimos pensando que somos "sólo amigos."
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