Han subido ocho personas más al vagón, y sin querer me he quedado mirándolas, como una tonta.
Siento como la sangre sube a mi rostro, por la vergüenza. Trato de desviar la mirada, para así desviar los ojos de reproche de la gente. La gente odia que la miren por más de diez segundos seguidos.
Sólo es audible el choque de las ruedas del metro con los rieles. Aún así, es un buen momento para pensar.
Es entonces, que decido comenzar a jugar. Voy a inventar una historia para alguna de las personas que están conmigo en el vagón. Tan sólo, basándome en sus ropas, y en sus actitudes. Y así de manera prejuiciosa, mataré el tiempo que me queda hasta llegar a la siguiente estación.
Cuando era más pequeña, solía jugar esto todo el tiempo... tristemente, podía quedarme horas haciéndolo.
Comienza el juego. Una joven sentada a no más de unos pasos de mí, será uno de mis personajes.
Es muy atractiva, bastante alta, de ojos azules, hermoso cabello oscuro, tan oscuro, que se funde con el tono de fondo en las ventanas del vagón.
Rápidamente, otro pasajero atrae mi atención. Un joven alto, moreno, de profundos ojos verdes, la ha estado mirando desde hace un rato.
Ella trata de desviar la atención, mirando hacia otro lado.Utilizando la maniobra que anteriormente yo mísma utilicé. Pero la mirada penetrante de aquel joven, traspasa toda intención de no ser vista , por parte de la chica. Ésta sucumbe al fin mirándolo directamente a los ojos.
-Entonces imagino que él se ha enamorado de ella. "Amor a primera vista", cuan novela romántica, en el contexto más cursi, que podían imaginar. Ambos han encontrado el amor.
Él la mira expectante a cada movimiento. La joven lo mira tímidamente de reojo. Él le sonríe con calidez, sin decir nada, sólo esperando a que ella se de cuenta, que se ha enamorado de él. Como él lo ha hecho, a su vez de ella.
Ella se sonroja, y le devuelve la sonrisa. Es entonces que ambos saben lo que pasará....
Saldrán en la próxima estación, para al fin hablarse por primera vez.
Él querrá hablar primero, pero ella lo interrumpirá diciendo solamente: - Hola - un saludo que encierra un todo, en él.
Para entonces ya no quedarán más palabras que decir. Todo lo que seguirá, serán sus ojos encontrándose, tan cerca, que creerán que la mirada del otro es la propia. Sus labios respirando pesadamente, por la dulce tensión del primer beso. Luego del primer roce, habrá un estallido mudo, que zumbará intranquilo en cada tramo de su piel, creando una estática que atrapará cada sensación en un profundo suspiro.....
El hilarante sonido de los alto parlantes del vagón, me hizo saltar de mis cavilaciones, fragmentando la historia recién descrita.
Se anunciaba la llegada a la otra estación. Con desconcierto me quedé mirando nuevamente a aquellos jóvenes, con la esperanza de que todo lo que antes presencié, no fuera parte de mi imaginación.
Aquel joven miraba por la ventana, de forma distraída. Sin rumbo aparente.
Ella acababa de bajar del vagón, y ya iba camino a las escaleras.
Corrí rápidamente fuera del vagón, con una sensación de desilusión tremenda. Como si yo fuese la escritora de un libro, y los personajes hicieran lo que quisieran, olvidándose mi existencia. Un poco cursi, de mi parte, lo sé. Pero, ellos nunca verían lo que yo imaginé, nunca sabrían que en el mundo que creado por una extraña, ellos se verían locamente enamorados el uno del otro.
Decido cambiar de tema en mis pensamientos, así que, qué mejor forma de borrar problemas imaginarios de la mente, que escuchando música. Me volteaba para sacar el reproductor de música de mi mochila, cuando vislumbré a una figura familiar en el vagón.
Era el joven aún mirando, desde la misma ventana. Con la misma mirada intensa de mi historia, me preguntaba si lo estaba imaginando, o si realmente él miraba de ese modo.
Miraba a un punto fijamente. Seguí su mirada curiosamente, para caer en cuenta que se dirigía hacia la chica del vagón. Aquella, la misma chica de mi historia. Aquella chica de ojos azulados, a la cuál yo creí que él había ignorado, o simplemente a la que no había notado. Ahora me daba cuenta que él si se interesó en ella. Pero ha diferencia de mi personaje, él no tuvo el valor suficiente para sonrreirle siquiera a esa chica.
Lo malo de jugar a mi presuntuoso juego de "adivina quién", es que, cuando se acaba la historia, no sólo te quedas absorto en una realidad que no existe, sino que una parte de la verdadera realidad, viene a golpearte justo en la cara. Para mostrarte que la gente que juega a crear realidades, idealiza todo a su alrededor.
Apuré el paso, con el volumen al máximo. Caminé tan rápido que rebasé en unos segundos a aquella chica. Dejando atrás el romance colectivo, la decepción creativa, la idealización del mundo, y archivando en mi mente un apartado que diga: "no debo volver a jugar".
26 febrero 2011
16 febrero 2011
Aún no lo sabes todo....
Le masajeaba la espalda lenta, pero frenéticamente. Tratando de buscar en ella la solución a sus problemas. La amaba, sí. Con toda su alma, bueno, con la parte de su alma que no estaba corrompida.
¿Sabría acaso ella, que él la engañaba?
- Cariño, sé que tengo nudos en la espalda, pero no deberías aplicar tanta fuerza- dijo ella sonriente. -Me lastimas.
-Sí, lo sé.- pensó avergonzado por la culpa. - Perdona amor, me emocioné con el masaje. Bajaré la intensidad. -Como si se pudiera bajar la intensidad de aquella situación-
Tantas formas de decirle lo que sucedía, pero ninguna parecía la adecuada.-Te amo. Dijo él en un susurro.
-Y yo a ti, respondió ella sin vacilar. Ella lo observaba sobre su hombro con dulzura. Aquellos ojos, sin saberlo, le aplicaban la peor condena que pudiese recibir
.- Te tengo que decir algo... yo...
No logró completar la frase, cuando los labios de su esposa se posaban sobre los suyos.
Sus labios encajaban tan bien.- pensó- Se sintió como cuando eran novios, sin ninguna preocupación, sólo sus labios fusionados en un beso.
Se apartaron el uno del otro torpemente.- Perdona- dijo ella sonrojada, como si acabase de besar a un extraño y no a su marido- Te interrumpí. ¿qué me decías?
Él sintió como la sangre se le iba a su cabeza, llenando cada centímetro de su cerebro, impidiéndole pensar.
- Emmh.. yo... nada.- Se sintió miserable. No podía decirle que la había engañado con otra. Arruinaría toda su vida, acabarían 10 años de matrimonio, y peor aún, perdería a su esposa, para siempre.-Yo sólo te extrañaba- dijo finalmente.
Ella lo observó cuidadosamente sin ninguna expresión. Luego de unos segundos lo cubrió con sus brazos amorosamente, dejando escapar un suspiro de alivio.
Él se apartó lentamente de su regazo, para contemplar el rostro de su mujer, con un aire de duda.-Qué te sucede, le dijo.
-Nada, dijo ella maquinalmente. Volviendo así a abrazar a su esposo. - Yo también te extrañaba.- dijo rápidamente, para que él no se impacientara. Por un momento creyó que él sospechaba de su engaño.
Por suerte para ambos, ninguno de los dos se atrevería a admitir lo que sucedía.
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