Le masajeaba la espalda lenta, pero frenéticamente. Tratando de buscar en ella la solución a sus problemas. La amaba, sí. Con toda su alma, bueno, con la parte de su alma que no estaba corrompida.
¿Sabría acaso ella, que él la engañaba?
- Cariño, sé que tengo nudos en la espalda, pero no deberías aplicar tanta fuerza- dijo ella sonriente. -Me lastimas.
-Sí, lo sé.- pensó avergonzado por la culpa. - Perdona amor, me emocioné con el masaje. Bajaré la intensidad. -Como si se pudiera bajar la intensidad de aquella situación-
Tantas formas de decirle lo que sucedía, pero ninguna parecía la adecuada.-Te amo. Dijo él en un susurro.
-Y yo a ti, respondió ella sin vacilar. Ella lo observaba sobre su hombro con dulzura. Aquellos ojos, sin saberlo, le aplicaban la peor condena que pudiese recibir
.- Te tengo que decir algo... yo...
No logró completar la frase, cuando los labios de su esposa se posaban sobre los suyos.
Sus labios encajaban tan bien.- pensó- Se sintió como cuando eran novios, sin ninguna preocupación, sólo sus labios fusionados en un beso.
Se apartaron el uno del otro torpemente.- Perdona- dijo ella sonrojada, como si acabase de besar a un extraño y no a su marido- Te interrumpí. ¿qué me decías?
Él sintió como la sangre se le iba a su cabeza, llenando cada centímetro de su cerebro, impidiéndole pensar.
- Emmh.. yo... nada.- Se sintió miserable. No podía decirle que la había engañado con otra. Arruinaría toda su vida, acabarían 10 años de matrimonio, y peor aún, perdería a su esposa, para siempre.-Yo sólo te extrañaba- dijo finalmente.
Ella lo observó cuidadosamente sin ninguna expresión. Luego de unos segundos lo cubrió con sus brazos amorosamente, dejando escapar un suspiro de alivio.
Él se apartó lentamente de su regazo, para contemplar el rostro de su mujer, con un aire de duda.-Qué te sucede, le dijo.
-Nada, dijo ella maquinalmente. Volviendo así a abrazar a su esposo. - Yo también te extrañaba.- dijo rápidamente, para que él no se impacientara. Por un momento creyó que él sospechaba de su engaño.
Por suerte para ambos, ninguno de los dos se atrevería a admitir lo que sucedía.
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