aquella silla que cada día espera mi llegada.
Con mis dedos congelados, aquellos que marcan las letras de siempre...
éstas que llevan un "todo" y un "nada", en su contenido.
paralizados los minutos,
arrasadas las horas,
mis dedos siguen repasando las mismas letras.
La misma premonición,
dónde ves lo que escribo.
No es sino, un espejismo caprichoso,
que me recuerda que sigo en la silla, que sigo escribiendo,
con los dedos congelados, de tanto marcar las mismas letras...
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