El cuarto es frío en comparación con sus manos. La caminata fue de al menos catorce cuadras, he ahí el motivo de que su cuerpo expeliera tal grado de calor.
Debes pensar
Dejó las llaves colgadas, se sacó la mochila de la sudorosa espalda y la lanzó con un gesto de alivio a uno de los sillones de cuero.
Habiéndose quitado aquel peso, finalizó su rutina de llegada, como a veces la llamaba, parando la música que insistentemente continuaba sonando a través de los audífonos que colgaban en su pecho.
Sí, pensarlo a él
Miró hacia la cocina esperando no encontrarse con ningún miembro de la familia, ya que ser vista en este estado no era una idea que le causase demasiada dicha. Se acercó al lavaplatos, tomó un vaso y lo llenó de agua tibia. El agua tibia es buena, pensó. Aleja los malos pensamientos y las frustraciones diarias.
Se posicionó cerca de una de las sillas debatiendo si sentarse o no. Se sentó.
La vista estaba plagada de un azul oscuro, pues las cortinas estaba abajo y la luz proveniente desde el exterior era bloqueada por la tela. Se levantó y corrió las cortinas. Asimismo abrió el ventanal esperando recibir un poco de aire fresco.
Debes pensar en él
Se sentó nuevamente, pero ahora miraba hacia el suelo con el mentón pegado al pecho, viendo de este modo cómo sus senos subían y bajaban al ritmo de la respiración, clavando las uñas en sus propios muslos, sintiéndose inconexa, turbada por una emoción extraña y a la vez conocida que le susurraba que aquel instante era perfecto. Perfecto para sentir cómo el alcohol adormecía su cuerpo y enceguecía lentamente su raciocinio.
No luches. Piensa en él
Se tocaba el cuello y la nuca queriendo en cierto modo evitar pensar en lo prohibido. Su estructura mental se esfumaba junto con la fuerza de voluntad. Todo es tan trágico, pensó. No puedo evitarlo aunque lo desee.
Se sumió en una serie de pensamientos: algunos obscenos y bizarros, otros lujuriosos y estimulantes, algunos rotos por la creencia de que eran irrealizables, otros muchos incoherentes en su forma y sentido, uno pocos románticos hasta el punto de ser asquerosamente cursis. Dentro de esta fosa deforme de clarividencias aparece resaltada una noción que rayaba en lo absurdo, en lo tragicómico, en lo funesto y efímero. Manchada de matices polimorfos, quemada en su exterior por una fuerza magnética, envuelta en un humo gris que jugaba a ser dulce miel evaporándose al sol, explicada en el mundo de lo icónico como un músculo palpitante y rebosante de color carmesí. Sí, el amor afloró en su mente anestesiada por el licor.
No lo dudes ahora ni nunca
Decidió que era momento de cambiar de ambiente. Se levantó y se dirigió a la escalera. Peldaño tras peldaño su corazón se mostraba rápido y estruendoso. Un inconstante martillar se presentó a un costado de su traquea, la boca se volvió amarga y marchita. Posicionó su dedo índice en el labio inferior. El recuerdo de un beso inexistente voló presuroso.
La respiración se esparcía por sobre su cabeza, hiperventilaba y lo sabía muy bien. Su cuerpo se mostraba receptivo ante aquel recuerdo, ante aquella conversación, ante todo lo masculino-primitivo, ante esa sensación de brusquedad que proyectaban sus movimientos y voz encadenados en un solo esfuerzo por evocar sonidos guturales, ante lo sensual de estarlo fantaseando mientras él no lo sabía.
Estaba hecha una masa de nervios alterados por su nombre, por su cuerpo, por la naturaleza de ser quién era, por sus manos en movimiento, por su sarcasmo al dirigirse a ella, por el desdén que producía en otros la ironía que mostraba ante la vida...
Todo lo que él es
Subió hasta su cuarto y se lanzó a la cama. Esa tarde se arrojó al delirio de pensar en él.
Desde mañana ya no lo haré más, pensó. La fuerza de voluntad regresaba a ella y así se alejaba el estupor del alcohol. Tuvo ganas de levantarse y dejar a un lado lo ocurrido, pero aunque quisiera huir de este hecho no lo lograría. Los remansos de su exaltación se mostraban de forma concreta en su piel. Se levantó de la cama.
Caminando hasta su ventana pudo ver cómo pequeños restos de pensamientos se desprendían de sus piernas. Respiró con pesar.
La brisa de diciembre se colaba por su pelo. Con las manos en el marco de la ventana y la boca entreabierta se dejó torturar una vez más. Lo he hecho todo el día, ¿por qué parar ahora?, pensó.
No debes tener excusas, sólo hazlo
Sí, era una tortura, pero era una tortura que le pertenecía solamente a ella.
28 diciembre 2013
26 noviembre 2013
Aceptando a la primera persona gramatical
Salía todos los días a las 7:30 a tomar la micro. La esperaba unos diez minutos y mientras eso sucedía, se acomodaba a un lado del paradero para leer. Se subía a la micro, apretadísima, sudorosa, somnolienta. Lanzaba entonces improperios al aire de manera silenciosa.
Llegando al metro caminaba con paso rápido evadiendo a la masa de gente que se cruzaba en su camino. La meta era clara: llegar a tiempo, cumplir con sus responsabilidades, no caerse a las vías del metro en el proceso. Bastante simple.
Tras el viaje en el transporte subterráneo, llegaba al fin al esperado destino (...)
El día transcurría algunas veces lento, otras con gran velocidad; Este era un día donde todo parecía irse entre sus manos, parecía desvanecerse ante sus ojos. La luz potente, el olor a protector solar que tanto amaba, el pasto húmedo, el viento suave, las flores cayendo levemente... todo parecía estar rodeado por un halo de prosperidad. Bueno quizás no prosperidad, pero el sobrecogimiento que sentía en ese momento hacía que aquel instante pasase por una especie de filtro extraño, poco común para su personalidad, pero a la vez acogedor.
Como una niña pequeña que desea que el día no acabe, se movía ansiosa por entre las personas que distendídamente la acompañaban. Las miradas se cruzaban rápidas, como esperando una respuesta tácita. Las manos se movían agitádamente para no perder el paso del hilo conductor de ideas. Las botellas llenas de agua se pasaban de mano en mano, calmando en parte la sed que la conversación provocaba.
Se recostó apoyando la cabeza en sus manos, suspiró hondo y cerró los ojos calmando así el corazón que tantos altibajos había sufrido en este último tiempo.
El dolor en el pecho disminuía con el paso de los minutos, sin saberlo sus pensamientos se dirigieron a otra parte y no al recurrente pasadizo tortuoso que solía visitar a diario. Se fueron a un plano neutro alejado de toda influencia externa.
A veces se oían risas, murmullos, silencios prolongados, cacofonías alentadoras que invitaban a dormitar. Un sinfín de sonidos que en tantas instancias creyó infantiles, insulsos, hasta patéticos. Pero que en aquel instante, en aquel lugar, en aquella instancia de la vida, de su vida, pasaban a ser casi por inercia uno de los momentos más felices que pudiese vivenciar. Se concentró en la sensación que el sol provocaba en su piel. Fue así que pensó: tal vez la vida no es tan mala. (...)
Sin saberlo me hallaba sentada repasando una historia que creí ajena. Tuve un instante de pesar, de tristeza infundada, de dolor agudo en la caja torácica, de calambres en mis manos, de escalofríos en mi espalda. Mas al querer evocar el por qué de estos síntomas, no pude concebirlo a cabalidad. Es decir está ahí, pero ya no está del todo dentro de mi sistema.
Mi pecho bajaba lento al compás de las voces. Me centré en el calor del sol y así en un tono aterciopelado y con énfasis en la modulación, enuncié un gracias cargado de significancia. Cargado de auto-referencia si se quiere decir, de un asombro ante la comprensión de la realidad evidente. En resumidas cuentas de la aceptación misma de que siempre estuve ahí, de que siempre estuve bajo aquella historia.
Llegando al metro caminaba con paso rápido evadiendo a la masa de gente que se cruzaba en su camino. La meta era clara: llegar a tiempo, cumplir con sus responsabilidades, no caerse a las vías del metro en el proceso. Bastante simple.
Tras el viaje en el transporte subterráneo, llegaba al fin al esperado destino (...)
El día transcurría algunas veces lento, otras con gran velocidad; Este era un día donde todo parecía irse entre sus manos, parecía desvanecerse ante sus ojos. La luz potente, el olor a protector solar que tanto amaba, el pasto húmedo, el viento suave, las flores cayendo levemente... todo parecía estar rodeado por un halo de prosperidad. Bueno quizás no prosperidad, pero el sobrecogimiento que sentía en ese momento hacía que aquel instante pasase por una especie de filtro extraño, poco común para su personalidad, pero a la vez acogedor.
Como una niña pequeña que desea que el día no acabe, se movía ansiosa por entre las personas que distendídamente la acompañaban. Las miradas se cruzaban rápidas, como esperando una respuesta tácita. Las manos se movían agitádamente para no perder el paso del hilo conductor de ideas. Las botellas llenas de agua se pasaban de mano en mano, calmando en parte la sed que la conversación provocaba.
Se recostó apoyando la cabeza en sus manos, suspiró hondo y cerró los ojos calmando así el corazón que tantos altibajos había sufrido en este último tiempo.
El dolor en el pecho disminuía con el paso de los minutos, sin saberlo sus pensamientos se dirigieron a otra parte y no al recurrente pasadizo tortuoso que solía visitar a diario. Se fueron a un plano neutro alejado de toda influencia externa.
A veces se oían risas, murmullos, silencios prolongados, cacofonías alentadoras que invitaban a dormitar. Un sinfín de sonidos que en tantas instancias creyó infantiles, insulsos, hasta patéticos. Pero que en aquel instante, en aquel lugar, en aquella instancia de la vida, de su vida, pasaban a ser casi por inercia uno de los momentos más felices que pudiese vivenciar. Se concentró en la sensación que el sol provocaba en su piel. Fue así que pensó: tal vez la vida no es tan mala. (...)
Sin saberlo me hallaba sentada repasando una historia que creí ajena. Tuve un instante de pesar, de tristeza infundada, de dolor agudo en la caja torácica, de calambres en mis manos, de escalofríos en mi espalda. Mas al querer evocar el por qué de estos síntomas, no pude concebirlo a cabalidad. Es decir está ahí, pero ya no está del todo dentro de mi sistema.
Mi pecho bajaba lento al compás de las voces. Me centré en el calor del sol y así en un tono aterciopelado y con énfasis en la modulación, enuncié un gracias cargado de significancia. Cargado de auto-referencia si se quiere decir, de un asombro ante la comprensión de la realidad evidente. En resumidas cuentas de la aceptación misma de que siempre estuve ahí, de que siempre estuve bajo aquella historia.
13 septiembre 2013
Dispersa
El viento toca mis palmas.
Quiero sacar la cabeza por la ventana, pero sé que sería un acto imprudente.
Oscilando de arriba a abajo, la mano crea una onda rítmica que viaja directo desde los ojos, hasta el espejo retrovisor ubicado a la derecha. Son casi las 22:00 horas.
Siento mi piel desvanecerse en mi cráneo. Se derrite como mantequilla al sol.
La radio suena con ferocidad, quiero alcanzar el panel y cambiar de estación, pero no alcanzó a hacerlo. En ese instante ya suena la temida canción - "And I do believe it´s true" - las ondas sonoras ya viajan a mis tímpanos, esparciéndose hasta la zona más recóndita de mi aparato auditivo, hasta lo más hondo de mi cerebro, hasta lo más hondo de mi alma - "That there are roads left in both of our shoes" -
El aire acondicionado lucha contra el viento por la supremacía del auto. Es eso lo que sé, lo que conozco, lo que añoro. Y aún en mis mejores días, rechazo.
No quiero ver caer mi convicción ante lo absurdo de este momento, pero hay algo en el ambiente, en este híbrido de aire artificial-natural que me marea y doblega.
Quiero detenerme antes de colapsar, mas mis manos yacen adheridas al volante. El cuerpo se endurece bajo el acero de la melodía. El aire se transforma en agua, aprisionando cada átomo de oxígeno en mis pulmones. Son las 22:30.
Los tonos grises salen de su lugar, los verdes corroen mis párpados, el rojo ya no es rojo, ni bermellón, ni terracota o carmesí, es fuego abrasador que avanza a velocidad relativa, es decir que seré capaz de esquivar, pero que mi cuerpo no será capaz de presenciar.
La sustancia llega a mi sistema nervioso, proyectando mi alma en la canción. Gritando incontrolablemente cacofonías que se parecen a otras que alguna vez nombré en sueños, pero no. No son aquellas, ni esas, ni siquiera son. Tal vez lo inventé todo.
Y el silencio - "But if the silence takes you, then I hopes it takes me too" -
Un parpadeo lento, el borde del mundo se acerca.
El auto se eleva con el oscilante/ silente/ aislado movimiento del alba, siguiendo patrones curvos y circulares.
Las 22:45 y mi razón se apega al reloj en el tablero. Queda poca gasolina, esperen. "E" es lleno o "F" es lleno. Da igual, el maletín sigue en los asientos traseros. Y mi corazón así mismo sigue en su lugar.
Acaricio el borde de goma del volante, deseándolo como nunca - "So brown eyes I hold You near, cause You're de only song I want to hear" - Llegando al borde rocoso, siento el devenir de las penas pasajeras. Tu mirada triste en los ojos de todos. La cabeza gacha, las manos sudorosas y ya no siento dolor.
Mi frente galopa a lo lejos, muy cerca de las luces marinas. El auto ya no es auto, es una ballena purpúrea que se agita lejos de mí. Mi cuerpo es agua y fuego a la vez, te siento en mi oído diciendo tus últimos suspiros - "A melody softly soaring through my atmosphere" - y con todo esto digiriéndose en mi estómago, duermo; queda esa idea tonta que escapa por entre mis molares. Esa, que mi mente nunca procesó, hasta ahora. Esa, que te conté en algún momento de embriaguez. Embriaguez que no era mía, sino que más bien era la emoción colectiva de muchos "Tú y yo" condensados. Esa idea que me quemó la laringe al brotar por mis labios - Esa - Esa es la que queda en mi mente antes de irme y plantar esta leyenda.
Cada vez que el licor baje por sus gargantas será como escucharme decir: "Eso fui. Ardor en tu pecho y esa sensación de atontamiento que tanto nos gustaba".
Canción de: Death cab for cutie; "Soul meets Body"
Quiero sacar la cabeza por la ventana, pero sé que sería un acto imprudente.
Oscilando de arriba a abajo, la mano crea una onda rítmica que viaja directo desde los ojos, hasta el espejo retrovisor ubicado a la derecha. Son casi las 22:00 horas.
Siento mi piel desvanecerse en mi cráneo. Se derrite como mantequilla al sol.
La radio suena con ferocidad, quiero alcanzar el panel y cambiar de estación, pero no alcanzó a hacerlo. En ese instante ya suena la temida canción - "And I do believe it´s true" - las ondas sonoras ya viajan a mis tímpanos, esparciéndose hasta la zona más recóndita de mi aparato auditivo, hasta lo más hondo de mi cerebro, hasta lo más hondo de mi alma - "That there are roads left in both of our shoes" -
El aire acondicionado lucha contra el viento por la supremacía del auto. Es eso lo que sé, lo que conozco, lo que añoro. Y aún en mis mejores días, rechazo.
No quiero ver caer mi convicción ante lo absurdo de este momento, pero hay algo en el ambiente, en este híbrido de aire artificial-natural que me marea y doblega.
Quiero detenerme antes de colapsar, mas mis manos yacen adheridas al volante. El cuerpo se endurece bajo el acero de la melodía. El aire se transforma en agua, aprisionando cada átomo de oxígeno en mis pulmones. Son las 22:30.
Los tonos grises salen de su lugar, los verdes corroen mis párpados, el rojo ya no es rojo, ni bermellón, ni terracota o carmesí, es fuego abrasador que avanza a velocidad relativa, es decir que seré capaz de esquivar, pero que mi cuerpo no será capaz de presenciar.
La sustancia llega a mi sistema nervioso, proyectando mi alma en la canción. Gritando incontrolablemente cacofonías que se parecen a otras que alguna vez nombré en sueños, pero no. No son aquellas, ni esas, ni siquiera son. Tal vez lo inventé todo.
Y el silencio - "But if the silence takes you, then I hopes it takes me too" -
Un parpadeo lento, el borde del mundo se acerca.
El auto se eleva con el oscilante/ silente/ aislado movimiento del alba, siguiendo patrones curvos y circulares.
Las 22:45 y mi razón se apega al reloj en el tablero. Queda poca gasolina, esperen. "E" es lleno o "F" es lleno. Da igual, el maletín sigue en los asientos traseros. Y mi corazón así mismo sigue en su lugar.
Acaricio el borde de goma del volante, deseándolo como nunca - "So brown eyes I hold You near, cause You're de only song I want to hear" - Llegando al borde rocoso, siento el devenir de las penas pasajeras. Tu mirada triste en los ojos de todos. La cabeza gacha, las manos sudorosas y ya no siento dolor.
Mi frente galopa a lo lejos, muy cerca de las luces marinas. El auto ya no es auto, es una ballena purpúrea que se agita lejos de mí. Mi cuerpo es agua y fuego a la vez, te siento en mi oído diciendo tus últimos suspiros - "A melody softly soaring through my atmosphere" - y con todo esto digiriéndose en mi estómago, duermo; queda esa idea tonta que escapa por entre mis molares. Esa, que mi mente nunca procesó, hasta ahora. Esa, que te conté en algún momento de embriaguez. Embriaguez que no era mía, sino que más bien era la emoción colectiva de muchos "Tú y yo" condensados. Esa idea que me quemó la laringe al brotar por mis labios - Esa - Esa es la que queda en mi mente antes de irme y plantar esta leyenda.
Cada vez que el licor baje por sus gargantas será como escucharme decir: "Eso fui. Ardor en tu pecho y esa sensación de atontamiento que tanto nos gustaba".
Canción de: Death cab for cutie; "Soul meets Body"
02 septiembre 2013
"Somos. Eso creo"
Las partes sensibles de mi cuerpo responden al tacto. Sí, al tacto y al hecho de que pienso en ti.
Creo recuerdos inexistentes, imagino memorias que no tienen sentido. No, no al menos para la naturaleza de nuestra relación. Porque eres dulce conmigo, amable y considerado; pero tu conducta no tiene trasfondo. ¿He de pensar que sólo lo haces porque eres una buena persona? ¿He de concluir que lo haces porque eres mi "amigo"?.
Mis manos bajan a lo profundo, puedo sentirte junto a mi. Tu respiración en mi oído, tus labios rozando mis mejillas. Es extraño, pero aunque te imagino, no logro vislumbrarte por completo. Sólo logro ver letras, palabras expresadas tras un frío recipiente, que pretende emular a la vida real; al boca a boca.
Simulo ver tus labios emitir dichas palabras, simulo ver tus facciones moverse al vaivén de tus emociones, imagino finalmente ver tus ojos brillar con cada palabra torpe que exprese hacia ti.
El movimiento se vuelve frenético, rodeando lo agresivo. Y mi boca suelta como agua, te nombra una y otra vez. Siento como mis pies se contorsionan inquietos, y así mismo puedo sentir el martilleo en mis oídos, que sólo indica que mi corazón bombea de manera incontrolable; escondida tras el velo de las sábanas te vuelvo a invocar en un suspiro final (...)
Descanso de espaldas y así mismo le doy la espalda a la idea de que esto se haga realidad algún día; Es mi amigo- digo de manera silente -es mi amigo y eso es todo lo que será-
La vergüenza llega a mis pómulos y desde ahí hasta mi cerebro será sólo un cuarto de segundo. Tapo mi rostro con las sábanas -Nunca debí hacer esto, soy una mala persona- Siento con firmeza las ganas de llorar, sin embargo desde alguna parte lejana de mi mente llega la noción correcta -en estos casos no hay cabida para la moral- Saco las sábanas para poder respirar y con ello dejo que mis divagaciones se evaporen.
La respiración se vuelve pausada, siento el peso del sueño pulsando en mi sangre. No quiero volver a dormir, por miedo a soñar contigo. Así que sólo me quedo inerte, tratando de pensar en minucias del día.
Mi celular brilla en la oscuridad, vibra con suavidad y con ello sé que tratas de contactarme. Cierro los ojos haciendo caso omiso a tu petición.
Nuevamente suena el celular y así mi convicción se esfuma. Me siento en la cama y veo el maldito aparato esclavizador. Mis ojos viajan por la pantalla buscándole un sentido a lo que escribes. Sonrío sin darme cuenta.
Recreo las pocas veces que nos vimos, para darle un rostro a tus palabras.
Y ahí estas en mi mente otra vez. Eres un fastidio sin siquiera saberlo, una tortura para mi raciocinio, un dolor enorme en el corazón... Pero para qué ser tan melodramática si al final soy tan masoquista; como tú ingenuo. Porque ambos seguimos pensando que somos "sólo amigos."
Creo recuerdos inexistentes, imagino memorias que no tienen sentido. No, no al menos para la naturaleza de nuestra relación. Porque eres dulce conmigo, amable y considerado; pero tu conducta no tiene trasfondo. ¿He de pensar que sólo lo haces porque eres una buena persona? ¿He de concluir que lo haces porque eres mi "amigo"?.
Mis manos bajan a lo profundo, puedo sentirte junto a mi. Tu respiración en mi oído, tus labios rozando mis mejillas. Es extraño, pero aunque te imagino, no logro vislumbrarte por completo. Sólo logro ver letras, palabras expresadas tras un frío recipiente, que pretende emular a la vida real; al boca a boca.
Simulo ver tus labios emitir dichas palabras, simulo ver tus facciones moverse al vaivén de tus emociones, imagino finalmente ver tus ojos brillar con cada palabra torpe que exprese hacia ti.
El movimiento se vuelve frenético, rodeando lo agresivo. Y mi boca suelta como agua, te nombra una y otra vez. Siento como mis pies se contorsionan inquietos, y así mismo puedo sentir el martilleo en mis oídos, que sólo indica que mi corazón bombea de manera incontrolable; escondida tras el velo de las sábanas te vuelvo a invocar en un suspiro final (...)
Descanso de espaldas y así mismo le doy la espalda a la idea de que esto se haga realidad algún día; Es mi amigo- digo de manera silente -es mi amigo y eso es todo lo que será-
La vergüenza llega a mis pómulos y desde ahí hasta mi cerebro será sólo un cuarto de segundo. Tapo mi rostro con las sábanas -Nunca debí hacer esto, soy una mala persona- Siento con firmeza las ganas de llorar, sin embargo desde alguna parte lejana de mi mente llega la noción correcta -en estos casos no hay cabida para la moral- Saco las sábanas para poder respirar y con ello dejo que mis divagaciones se evaporen.
La respiración se vuelve pausada, siento el peso del sueño pulsando en mi sangre. No quiero volver a dormir, por miedo a soñar contigo. Así que sólo me quedo inerte, tratando de pensar en minucias del día.
Mi celular brilla en la oscuridad, vibra con suavidad y con ello sé que tratas de contactarme. Cierro los ojos haciendo caso omiso a tu petición.
Nuevamente suena el celular y así mi convicción se esfuma. Me siento en la cama y veo el maldito aparato esclavizador. Mis ojos viajan por la pantalla buscándole un sentido a lo que escribes. Sonrío sin darme cuenta.
Recreo las pocas veces que nos vimos, para darle un rostro a tus palabras.
Y ahí estas en mi mente otra vez. Eres un fastidio sin siquiera saberlo, una tortura para mi raciocinio, un dolor enorme en el corazón... Pero para qué ser tan melodramática si al final soy tan masoquista; como tú ingenuo. Porque ambos seguimos pensando que somos "sólo amigos."
26 julio 2013
"Soñando"
El monitor iluminaba silencioso. Los ladridos de los perros resonaban lejanos. Como un murmullo casi ininteligible tu nombre salió por entre mis labios. Lo dibujé en la palma de mi mano, como un tatuaje visible tan sólo ante mis ojos, entonces volví a recordar las noches de otoño en esta misma habitación...
Recorriste con tus manos mi piel. Tocaste con tus labios mi hombro y descendiste lentamente hasta mi abdomen.
La suave brisa golpeaba con delicadeza mi ventana, quise voltear a mirar pero no me dejaste. Querías que mirase lo que me ibas a hacer.
La suave brisa golpeaba con delicadeza mi ventana, quise voltear a mirar pero no me dejaste. Querías que mirase lo que me ibas a hacer.
Recordaba cuando te conocí, y las ganas fervientes de hacerte mío. La imaginación puede jugar con tu mente, ¿sabes?. A veces soñaba despierta en el metro y bizarramente añoraba que aquellas fantasías se hicieran realidad ahí mismo delante de toda la gente. Creía enloquecer del sólo hecho de no tenerte conmigo en esos momentos. Me hacías perder la razón.
Pensaba en ocasiones que eras tan sólo producto de mi imaginación. Que cuando venías a mí, que cuando te tocaba era sólo un estímulo enviado por mi cerebro, para no sentirme tan sola. Que aquellos ojos color café, eran sólo una ilusión, una añoranza de una vida normal.
Pero no, no podía ser. El olor de tu pelo, la textura de tus labios, el calor que irradiaba tu cuerpo cada mañana, era tan real que dolía, y era ese dolor lo que me recordaba que no eras un sueño, una alucinación. Que eras tan tangible, que tocarte se me hacía adicción.
Yo quería tocarte, como nunca. Sentir tu carne bajo mis uñas. Quería besar cada parte de tu cuerpo, pero no. No querías que yo me moviera sin que antes te mirara a los ojos. Eras absurdamente cursi a veces.
Dejando que el tiempo pasase sólo me concentré en ti. Tenías razón después de todo, no había por qué apresurarnos.
Las horas caían lentamente, sólo se escuchaba el teclado resonar. Tecla a tecla, de manera veloz, se iban escribiendo las memorias. Aquellas que ya lejanas hacían eco en los recodos de mi cabeza, calando hondo potenciadas por el frío Invernal.
La habitación sigue siendo la misma, la cama sigue siendo una cama, pero tu recuerdo de algún modo escurrió por mis ojos, llegando hasta mi mano. No quise mirarme en ese momento, bien sabía lo que ocurría. Sigues estando ahí, en la palma de mi mano,en mis brazos, en mi vientre, en cada extensión de tejido externa, grabado de manera infinita en mi cuerpo.
Las horas marcadas por un reloj digital, sólo me indican que no dormiré mucho esta noche. El verde neón en la cabecera es el recordatorio de mi fallido intento por no recordar.
El viento al chocar con la ventana deja escapar tu nombre. Me doy cuenta entonces de que no es el viento quién te murmura, sino que torpemente he comenzado a nombrarte una y otra vez, como invocándote antes de quedarme dormida. Recostada mirando el techo me pregunto, cuántas noches más estaré así... Pensando en ti hasta dormirme.
Cierro los ojos, y sólo así tu recuerdo me deja respirar tranquila. Se va con la brisa de Invierno, danzando entre el eco de los ladridos nocturnos y los autos a lo lejos. Escapa así de la tortura a la que es sometido cada noche, escapa de ser pensado de manera reiterativa y enfermiza. Escapa de ser apresado, encapsulado. Escapa de ser definido, de que su existencia sea considerada tan sólo un simple momento, un pasaje oculto en las memorias obsoletas de una persona que se niega a dormir. Escapa al fin de ser encasillado eternamente...
Pensaba en ocasiones que eras tan sólo producto de mi imaginación. Que cuando venías a mí, que cuando te tocaba era sólo un estímulo enviado por mi cerebro, para no sentirme tan sola. Que aquellos ojos color café, eran sólo una ilusión, una añoranza de una vida normal.
Pero no, no podía ser. El olor de tu pelo, la textura de tus labios, el calor que irradiaba tu cuerpo cada mañana, era tan real que dolía, y era ese dolor lo que me recordaba que no eras un sueño, una alucinación. Que eras tan tangible, que tocarte se me hacía adicción.
Yo quería tocarte, como nunca. Sentir tu carne bajo mis uñas. Quería besar cada parte de tu cuerpo, pero no. No querías que yo me moviera sin que antes te mirara a los ojos. Eras absurdamente cursi a veces.
Dejando que el tiempo pasase sólo me concentré en ti. Tenías razón después de todo, no había por qué apresurarnos.
Las horas caían lentamente, sólo se escuchaba el teclado resonar. Tecla a tecla, de manera veloz, se iban escribiendo las memorias. Aquellas que ya lejanas hacían eco en los recodos de mi cabeza, calando hondo potenciadas por el frío Invernal.
La habitación sigue siendo la misma, la cama sigue siendo una cama, pero tu recuerdo de algún modo escurrió por mis ojos, llegando hasta mi mano. No quise mirarme en ese momento, bien sabía lo que ocurría. Sigues estando ahí, en la palma de mi mano,en mis brazos, en mi vientre, en cada extensión de tejido externa, grabado de manera infinita en mi cuerpo.
Las horas marcadas por un reloj digital, sólo me indican que no dormiré mucho esta noche. El verde neón en la cabecera es el recordatorio de mi fallido intento por no recordar.
El viento al chocar con la ventana deja escapar tu nombre. Me doy cuenta entonces de que no es el viento quién te murmura, sino que torpemente he comenzado a nombrarte una y otra vez, como invocándote antes de quedarme dormida. Recostada mirando el techo me pregunto, cuántas noches más estaré así... Pensando en ti hasta dormirme.
Cierro los ojos, y sólo así tu recuerdo me deja respirar tranquila. Se va con la brisa de Invierno, danzando entre el eco de los ladridos nocturnos y los autos a lo lejos. Escapa así de la tortura a la que es sometido cada noche, escapa de ser pensado de manera reiterativa y enfermiza. Escapa de ser apresado, encapsulado. Escapa de ser definido, de que su existencia sea considerada tan sólo un simple momento, un pasaje oculto en las memorias obsoletas de una persona que se niega a dormir. Escapa al fin de ser encasillado eternamente...
Y así por una noche obtiene la libertad, que aún no soy capaz de darle.
"Cuán borroso te ves desde mi ventana"
Todo al seguir un camino propio se concreta. ¿Es esa la concepción que debo tener de la vida?
Y lo veo en su esplendor, lo veo en su pura expresión desgarrante, anhelante, visceral cuando tus ojos me miran, cuando crees que no lo noto, cuando me recorres de soslayo con las pupilas dilatadas de calor. Cuando te miro de manera intensa, cuando utilizo todos los 'cuando' que quiero. ¿Cuándo? Cada mañana.
Recorro mi cuerpo con las yemas de mis dedos, buscando algo que sé no encontraré. Espero en mi cama con el cuerpo tenso por el frío, sé bien que tú no vienes por acá. Vives lejos, no sabes dónde vivo y peor aún no te atreverías a venir a mí.
Aun así nadie me quita la satisfacción de pensar que pudieses aparecer en mi ventana.
El vaho sale de mi boca y se expande en el aire otoñal. Peino mi cabello hacia un lado, exponiendo mi cuello. Siento mi piel erizarse con cada toque del gélido ambiente. Te miro, estás sentado en el suelo cerca del pasto, cerca mío; No tan cerca, mas lo suficiente como para extender mi mano y tocarte, tan cerca como para respirarte, tan cerca como para saborearte en mi paladar, tan cerca como para sentir bajar tu aroma por mi garganta.
Cierro los ojos dando una plegaria secreta, rezándole a mis instintos más bajos para que alguien haga algo. A que me lance a tus brazos, a que te desgarre el pecho con mis uñas, a que me tomes por la cintura, a que tus dedos se pierdan en mi piel.
Pero, no. Nada pasa, porque nada llega solo. Porque sólo ocurrirá algo cuando tú quieras, o cuando yo me canse de esperar
07 mayo 2013
Cuando hace frío
"Y poder pensar y poder decir, y reconocer que tú haz cambiado...a mí"
La lluvia trae tanto...
Seis de Mayo
"Tengo más frío que razones. Más miedo que vergüenza, más inconsecuencia que raciocinio.
Hoy me quedé en casa, en la cama, en la que solía llamar nuestra cama, pero que técnicamente no era ni tuya ni mía.
Qué gracioso es cuando consideras algo como propio y resulta que nunca fue, ni será tuyo.
Cosas, que me encanta llamar de esa manera absurda y ambigua; cosas, como la inspiración que te llega de improviso, como la música que pone el vecino mientras duermes, y que se fusiona con tu sueño.
¿Recuerdas cuando creí oír a Elvis en uno de mis sueños? Ese fue uno de los momentos que quise fuese mío.
Pero las cosas, en su esencia, no tienen dueño.
Me quedé en la cama y en sueños me regodeé, sumida en la ignorancia.
A las diez de la mañana la casa suele oler a humo mezclado con varas de canela. Hoy sólo olía a humedad y cera para piso.
Me levanté en polera y ropa interior. Caminé hasta la cocina y miré dentro del refrigerador. Quise preparar el desayuno, pero al final sólo comí una manzana.
Caminé hasta el ventanal y miré al patio. Sé que si me hubieras visto me hubieses dicho que se puede ver todo desde la casa de los vecinos. Y que yo con mi polera que no llega más allá de la cadera y mis piernas desnudas, dejo poco a la imaginación. Entonces sólo sonreiría y te diría que me gusta que miren y no puedan tocar. No es provocar, añadiría, es sólo un juego tácito entre ellos y yo.
Miré hacia la ventana del vecino. No había nadie.
Fui a la sala principal y me senté en el sillón. En ese pequeño de color negro. Ese que te absorbe cuando te sientas en él. Pensé en ver televisión, pero deseché la idea al instante.
Decidí pintarme las uñas de los pies.
Los pasos en la calle se oyen desde este punto de la casa. El cartero en bicicleta, el perro que ladra, la vecina barriendo, el furgón escolar. Todo resuena en mi cabeza mientras paso el pincel sobre las uñas. Todo queda plasmado en el pequeño universo hecho de esmalte escarlata, todo cuanto fue y cuanto es. Todo.
Las horas pasan y yo sigo en este estado. Sentada en polera y ropa interior mirando mis uñas, mirando a la calle, mirando a la televisión apagada, mirando a las aves entrar y salir del techo contiguo a mi casa, mirando a la gente que pasa por fuera, esperando a que me vean. Y aunque sé que hay una cortina que separa mi ventana de la calle, espero a que me vean. Juego a que me descubren mirando, a que el vecino me descubre mirando. A que tú me descubres mirando.
Pero no. Tú ya no eres mío. Las "cosas" no tienen dueño. "Nuestra" cama ya no es nuestra. "Todo", ya no tiene el significado que alguna vez tuvo.
Hoy escuché la alarma, me senté en la cama a recordar por qué me tenía que levantar. Sabía que tenía cosas que hacer, pero aún así me quedé en la casa. Miré el techo, me tapé con la frazada lentamente. Cerré los ojos y respirando en silencio ya no pensé en nada.
Hoy, preferí dormir."
Hoy me quedé en casa, en la cama, en la que solía llamar nuestra cama, pero que técnicamente no era ni tuya ni mía.
Qué gracioso es cuando consideras algo como propio y resulta que nunca fue, ni será tuyo.
Cosas, que me encanta llamar de esa manera absurda y ambigua; cosas, como la inspiración que te llega de improviso, como la música que pone el vecino mientras duermes, y que se fusiona con tu sueño.
¿Recuerdas cuando creí oír a Elvis en uno de mis sueños? Ese fue uno de los momentos que quise fuese mío.
Pero las cosas, en su esencia, no tienen dueño.
Me quedé en la cama y en sueños me regodeé, sumida en la ignorancia.
A las diez de la mañana la casa suele oler a humo mezclado con varas de canela. Hoy sólo olía a humedad y cera para piso.
Me levanté en polera y ropa interior. Caminé hasta la cocina y miré dentro del refrigerador. Quise preparar el desayuno, pero al final sólo comí una manzana.
Caminé hasta el ventanal y miré al patio. Sé que si me hubieras visto me hubieses dicho que se puede ver todo desde la casa de los vecinos. Y que yo con mi polera que no llega más allá de la cadera y mis piernas desnudas, dejo poco a la imaginación. Entonces sólo sonreiría y te diría que me gusta que miren y no puedan tocar. No es provocar, añadiría, es sólo un juego tácito entre ellos y yo.
Miré hacia la ventana del vecino. No había nadie.
Fui a la sala principal y me senté en el sillón. En ese pequeño de color negro. Ese que te absorbe cuando te sientas en él. Pensé en ver televisión, pero deseché la idea al instante.
Decidí pintarme las uñas de los pies.
Los pasos en la calle se oyen desde este punto de la casa. El cartero en bicicleta, el perro que ladra, la vecina barriendo, el furgón escolar. Todo resuena en mi cabeza mientras paso el pincel sobre las uñas. Todo queda plasmado en el pequeño universo hecho de esmalte escarlata, todo cuanto fue y cuanto es. Todo.
Las horas pasan y yo sigo en este estado. Sentada en polera y ropa interior mirando mis uñas, mirando a la calle, mirando a la televisión apagada, mirando a las aves entrar y salir del techo contiguo a mi casa, mirando a la gente que pasa por fuera, esperando a que me vean. Y aunque sé que hay una cortina que separa mi ventana de la calle, espero a que me vean. Juego a que me descubren mirando, a que el vecino me descubre mirando. A que tú me descubres mirando.
Pero no. Tú ya no eres mío. Las "cosas" no tienen dueño. "Nuestra" cama ya no es nuestra. "Todo", ya no tiene el significado que alguna vez tuvo.
Hoy escuché la alarma, me senté en la cama a recordar por qué me tenía que levantar. Sabía que tenía cosas que hacer, pero aún así me quedé en la casa. Miré el techo, me tapé con la frazada lentamente. Cerré los ojos y respirando en silencio ya no pensé en nada.
Hoy, preferí dormir."
29 abril 2013
"La Autoreferencia murió aquí"
Lo esperaba desde hace cuarenta minutos. No sabía qué era lo
que la hacía quedarse a esperarlo durante horas, o más si fuese necesario. ¿Era
acaso que su amor por él la hacía sentirse viva en estos momentos? No,
definitivamente no.
Antes solía preguntarse cosas existenciales, o de índole
ideológicas antes de ir a dormir, para combatir un poco el ocio que le provocaba
el insomnio. Este método le era bastante útil, además le provocaba alivio el encontrar (en ciertas ocasiones) las respuestas a dichas preguntas. Así, bastante satisfecha consigo misma, caía
en los suaves brazos de Morfeo sin problema alguno.
Ahora en cambio, solía pensar y re-pensar en todas las
actividades que hizo con él. O qué es lo que hubiera hecho en distintas
situaciones (que por supuesto lo involucraban a él) donde no todo salió como
ella quería.
Era lo único que la hacía dormir tranquilamente. Le
enfermaba admitirlo, pero le encantaba pensar en él antes de dormir.
Miró hacia el cielo con añoranza de estar cerca suyo. Las
nubes corrían lentamente. Deseó ser una nube para poder verlo desde arriba.
Se sentía tan tonta pensando en él. Infantil, insulsa,
patética. Entre otros adjetivos que eligió cuidadosamente para sí. Odiaba
pensar en él.
Prendió un cigarrillo
para ahuyentar los tentadores pensamientos.
Ya lo esperaba hace más de una hora. Estaba lista para
recibir una llamada diciendo, "Lo siento, no pude llegar. Salgamos mañana
mejor" Decepcionante. Así es la vida. Y lo peor era que aunque él la
plantara mil veces, lo seguiría amando. Maldición, cómo lo amaba. El cigarrillo
se consumía con cada doloroso vaticinio, no tardó más de ocho minutos en
acabarlo.
Ya estaba pensando en qué es lo que haría al llegar a su casa, cuando
lo vio. Su cuerpo oscilaba tenso, mientras trotaba desesperado hacía ella. El
corazón le latía con tanta fuerza que creyó desfallecer. Se sintió angustiada
pero, a la vez aliviada. Como cuando andas por primera vez en bicicleta, y
temes caer, pero al mismo tiempo lo único que deseas es seguir. Pues la
adrenalina ha invadido tu cuerpo, y en ese momento impera lograr dominarlo
todo. Así se sentía cada vez que lo veía.
Él la abrazó y le pidió disculpas por el retraso. Ella lo
miró, y agresivamente le arrebató las palabras con un beso. Quería mostrarle su
dolor, quería escarmentarlo por sentirse a merced de su voluntad, quería
morderle los labios hasta que sangraran, quería desgarrarle el alma con
vehemencia... Quería permanecer adherida a esa boca infame por siempre.
Se sentía ambivalente, indefensa ante la ambigüedad de la
situación, donde el roce de sus labios, era el receptáculo de la amarga saliva,
hija de la nostalgia y los tormentos. Entonces pensó, que este instante absurdo
y primitivo era lo único que la mantenía con vida. Lo único que tiene sentido,
entre tantas ridiculeces e incoherencias que todos veneran como dogmas. Sus
labios le muestran que no está sola en el mundo. Que este momento noble y
efímero, le puede devolver la cordura; La fe si se quiere decir. Pero más que
todo lo innombrable dentro de las penurias mortales, sus labios le devuelven su
naturaleza, evocando el Génesis, lo primario que existe en ella.
El dulce momento termina. Él la mira y toma su mano,
dirigiéndola hacia un nuevo lugar. Ella lo sigue sin oponerse.
Lo ama. Y aunque intente resistirse, lo ama como nunca amó a
nadie.
14 marzo 2013
"Pensamiento Foráneo"
"Y a simple vista, parece que ignoro mi padecimiento. Mas no es de ignorancia de lo que sufro. Sino más bien, obnubilación. Provocada en su mayor parte, por tu indiferencia ante mi dilema."
01 marzo 2013
"Hay tanta verdad en las cosas..."
"Respiro más hondo que ayer.
El humo aflora desde mi pecho.
El dolor que creí tener, ya no parece un dolor. Ahora es más bien un recuerdo.
Tarareando una canción que casi nadie conoce,
vuelvo a vagar por las calles.
Amo la sensación de no saber en dónde estoy.
La desesperación combinada con la adrenalina, fluyendo al unísono por mi cuerpo...
Pero más amo, cuando no lo hago sola. Cuando me pierdo contigo.
Cuando sólo pertenezco a ti.
Cuando no soy de ningún lugar, cuando vivo con el alma desaforada.
Anhelando un todo...
Que corramos descalzos. Yo siempre lo he deseado.
Volar dentro de un auto, o subir al árbol de la plaza.
Tendernos en el pasto sin temor a los insectos.
En tu espalda, trazar un mapa con mis dedos.
Revolver cada centímetro de mi mundo, con una sola palabra.
Salir de este monólogo infernal, y convertirlo en un diálogo inagotable.
Describir mil sentimientos adolescentes, y querer seguir sintiéndolos en la piel.
Viajar con el tiempo justo, pero siempre aprovechar las horas.
Saltar sobre los charcos de agua en Invierno.
Que deambules por mi mente sin pudor alguno.
Eso, y más es lo que quiero de ti..."
El humo aflora desde mi pecho.
El dolor que creí tener, ya no parece un dolor. Ahora es más bien un recuerdo.
Tarareando una canción que casi nadie conoce,
vuelvo a vagar por las calles.
Amo la sensación de no saber en dónde estoy.
La desesperación combinada con la adrenalina, fluyendo al unísono por mi cuerpo...
Pero más amo, cuando no lo hago sola. Cuando me pierdo contigo.
Cuando sólo pertenezco a ti.
Cuando no soy de ningún lugar, cuando vivo con el alma desaforada.
Anhelando un todo...
Que corramos descalzos. Yo siempre lo he deseado.
Volar dentro de un auto, o subir al árbol de la plaza.
Tendernos en el pasto sin temor a los insectos.
En tu espalda, trazar un mapa con mis dedos.
Revolver cada centímetro de mi mundo, con una sola palabra.
Salir de este monólogo infernal, y convertirlo en un diálogo inagotable.
Describir mil sentimientos adolescentes, y querer seguir sintiéndolos en la piel.
Viajar con el tiempo justo, pero siempre aprovechar las horas.
Saltar sobre los charcos de agua en Invierno.
Que deambules por mi mente sin pudor alguno.
Eso, y más es lo que quiero de ti..."
21 febrero 2013
"Cerrando los ojos."
"Corres solitario por los salones. Bailando un vals insonoro.
Recorriendo cada centímetro de la ciudad, sin esperar a que los demás te alcancen. Ellos van detrás de ti, pero no los puedes oír. La acústica de este lugar apesta.
Y repites esa plegaria que te enseñaron cuando niño. Ésa que te ayuda a dormir en los días de lluvia. Ésa que te acompaña silente, en tus peores momentos.
Sabes que estás perdido, pero como siempre, temes pedir ayuda.
Ajustas la música, en un intento disperso por olvidar tus problemas.
La vida es más simple de lo que parece.
Y retomas el ritmo. Moviendo las piernas hacia adelante y hacia atrás. ¿Quién diría que una persona con el corazón roto, podría correr tan rápido? Bueno, en realidad, es bastante obvio, que de desastres de tipo nuclear, siempre emergen mutaciones genéticas. Eso a veces es bueno.
Reconoces que haz cambiado, reconoces que el mundo cambia, reconoces que lo eterno no existe, y que valorar este hecho, es lo que te mantendrá vivo.
Respiras lentamente. Sientes el aire a través de tus dedos, en tu lengua, en tus ojos, peinando tu cabello con sutileza.
No debes temer más. Estoy aquí contigo. Es un hecho irrefutable.
Las luces nocturnas aparecen, y este idilio parece eterno. Lo sé, nada es eterno. Aunque la nada misma es eterna en sí. Está bien, la Filosofía tiende irritar a todos.
Sientes que si cierras los ojos todo acabará. Piensas que, en una combustión instantánea, todo lo que haz logrado se irá.
La verdad a veces lo pienso también. Para luego perderme en un suspiro, flotando hacia un vacío que no entiendo del todo, y me quedo ahí, de manera estacionaria. Creyendo que estoy sola.
Luego me doy cuenta de que no existe esa posibilidad.
Estar 'solo', no es un estado perpetuo. Sino más bien transitorio...
Es entonces que vislumbro que siempre hay 'alguien'.
Entonces me permito descansar, 'dormir' como lo llaman algunos. Más bien, darle una razón a mi cuerpo para detenerse.
Así que no temas. La vida seguirá ahí cuando despiertes. Al igual que tú y yo."
Recorriendo cada centímetro de la ciudad, sin esperar a que los demás te alcancen. Ellos van detrás de ti, pero no los puedes oír. La acústica de este lugar apesta.
Y repites esa plegaria que te enseñaron cuando niño. Ésa que te ayuda a dormir en los días de lluvia. Ésa que te acompaña silente, en tus peores momentos.
Sabes que estás perdido, pero como siempre, temes pedir ayuda.
Ajustas la música, en un intento disperso por olvidar tus problemas.
La vida es más simple de lo que parece.
Y retomas el ritmo. Moviendo las piernas hacia adelante y hacia atrás. ¿Quién diría que una persona con el corazón roto, podría correr tan rápido? Bueno, en realidad, es bastante obvio, que de desastres de tipo nuclear, siempre emergen mutaciones genéticas. Eso a veces es bueno.
Reconoces que haz cambiado, reconoces que el mundo cambia, reconoces que lo eterno no existe, y que valorar este hecho, es lo que te mantendrá vivo.
Respiras lentamente. Sientes el aire a través de tus dedos, en tu lengua, en tus ojos, peinando tu cabello con sutileza.
No debes temer más. Estoy aquí contigo. Es un hecho irrefutable.
Las luces nocturnas aparecen, y este idilio parece eterno. Lo sé, nada es eterno. Aunque la nada misma es eterna en sí. Está bien, la Filosofía tiende irritar a todos.
Sientes que si cierras los ojos todo acabará. Piensas que, en una combustión instantánea, todo lo que haz logrado se irá.
La verdad a veces lo pienso también. Para luego perderme en un suspiro, flotando hacia un vacío que no entiendo del todo, y me quedo ahí, de manera estacionaria. Creyendo que estoy sola.
Luego me doy cuenta de que no existe esa posibilidad.
Estar 'solo', no es un estado perpetuo. Sino más bien transitorio...
Es entonces que vislumbro que siempre hay 'alguien'.
Entonces me permito descansar, 'dormir' como lo llaman algunos. Más bien, darle una razón a mi cuerpo para detenerse.
Así que no temas. La vida seguirá ahí cuando despiertes. Al igual que tú y yo."
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