Todo al seguir un camino propio se concreta. ¿Es esa la concepción que debo tener de la vida?
Y lo veo en su esplendor, lo veo en su pura expresión desgarrante, anhelante, visceral cuando tus ojos me miran, cuando crees que no lo noto, cuando me recorres de soslayo con las pupilas dilatadas de calor. Cuando te miro de manera intensa, cuando utilizo todos los 'cuando' que quiero. ¿Cuándo? Cada mañana.
Recorro mi cuerpo con las yemas de mis dedos, buscando algo que sé no encontraré. Espero en mi cama con el cuerpo tenso por el frío, sé bien que tú no vienes por acá. Vives lejos, no sabes dónde vivo y peor aún no te atreverías a venir a mí.
Aun así nadie me quita la satisfacción de pensar que pudieses aparecer en mi ventana.
El vaho sale de mi boca y se expande en el aire otoñal. Peino mi cabello hacia un lado, exponiendo mi cuello. Siento mi piel erizarse con cada toque del gélido ambiente. Te miro, estás sentado en el suelo cerca del pasto, cerca mío; No tan cerca, mas lo suficiente como para extender mi mano y tocarte, tan cerca como para respirarte, tan cerca como para saborearte en mi paladar, tan cerca como para sentir bajar tu aroma por mi garganta.
Cierro los ojos dando una plegaria secreta, rezándole a mis instintos más bajos para que alguien haga algo. A que me lance a tus brazos, a que te desgarre el pecho con mis uñas, a que me tomes por la cintura, a que tus dedos se pierdan en mi piel.
Pero, no. Nada pasa, porque nada llega solo. Porque sólo ocurrirá algo cuando tú quieras, o cuando yo me canse de esperar
No hay comentarios:
Publicar un comentario