02 septiembre 2013

"Somos. Eso creo"

Las partes sensibles de mi cuerpo responden al tacto. Sí, al tacto y al hecho de que pienso en ti.
Creo recuerdos inexistentes, imagino memorias que no tienen sentido. No, no al menos para la naturaleza de nuestra relación. Porque eres dulce conmigo, amable y considerado; pero tu conducta no tiene trasfondo. ¿He de pensar que sólo lo haces porque eres una buena persona? ¿He de concluir que lo haces porque eres mi "amigo"?.
Mis manos bajan a lo profundo, puedo sentirte junto a mi. Tu respiración en mi oído, tus labios rozando mis mejillas. Es extraño, pero aunque te imagino, no logro vislumbrarte por completo. Sólo logro ver letras, palabras expresadas tras un frío recipiente, que pretende emular a la vida real; al boca a boca.
Simulo ver tus labios emitir dichas palabras, simulo ver tus facciones moverse al vaivén de tus emociones, imagino finalmente ver tus ojos brillar con cada palabra torpe que exprese hacia ti.
El movimiento se vuelve frenético, rodeando lo agresivo. Y mi boca suelta como agua, te nombra una y otra vez. Siento como mis pies se contorsionan inquietos, y así mismo puedo sentir el martilleo en mis oídos, que sólo indica que mi corazón bombea de manera incontrolable; escondida tras el velo de las sábanas te vuelvo a invocar en un suspiro final (...)
Descanso de espaldas y así mismo le doy la espalda a la idea de que esto se haga realidad algún día; Es mi amigo- digo de manera silente -es mi amigo y eso es todo lo que será-
La vergüenza llega a mis pómulos y desde ahí hasta mi cerebro será sólo un cuarto de segundo. Tapo mi rostro con las sábanas -Nunca debí hacer esto, soy una mala persona- Siento con firmeza las ganas de llorar, sin embargo desde alguna parte lejana de mi mente llega la noción correcta -en estos casos no hay cabida para la moral- Saco las sábanas para poder respirar y con ello dejo que mis divagaciones se evaporen.
La respiración se vuelve pausada, siento el peso del sueño pulsando en mi sangre. No quiero volver a dormir, por miedo a soñar contigo. Así que sólo me quedo inerte, tratando de pensar en minucias del día.
Mi celular brilla en la oscuridad, vibra con suavidad y con ello sé que tratas de contactarme. Cierro los ojos haciendo caso omiso a tu petición.
Nuevamente suena el celular y así mi convicción se esfuma. Me siento en la cama y veo el maldito aparato esclavizador. Mis ojos viajan por la pantalla buscándole un sentido a lo que escribes. Sonrío sin darme cuenta.
Recreo las pocas veces que nos vimos, para darle un rostro a tus palabras.
Y ahí estas en mi mente otra vez. Eres un fastidio sin siquiera saberlo, una tortura para mi raciocinio, un dolor enorme en el corazón... Pero para qué ser tan melodramática si al final soy tan masoquista; como tú ingenuo. Porque ambos seguimos pensando que somos "sólo amigos."




1 comentario:

  1. Um...O una parte es muy buena engañando, o a la otra le gusta la historia así...Sabiendo la tortura que provoca, ¿no?

    Lo de "Y mi boca suelta como agua", me hace pensar no solo en lo que diga, sino en liberaciones amplias...probablemente, no solitarias.

    Saludotes!

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