Hay algo que no me ha dejado dormir últimamente.
Sabe doctor, me acecha la idea de matar a la gente que me rodea.
Sé muy bien que ya hemos hablado un sinfín de veces, que debo controlar este tipo de pensamientos, suprimirlos, ignorarlos. Doctor, he hecho, hasta mis ejercicios de respiración. Pero, pasan, y pasan los días, y lo que menos quiero es tener gente cerca.
Me molesta como la gente me rodea, camina, y habla cerca de mí.
Me desquicia el "tip, tap", de sus malditos zapatos. Me trastorna hasta el crujir del pavimento bajo sus pies.
No me llame exagerado. Se supone que aquí usted no juzga a los pacientes. No doctor, no lo estoy amenazando. Déjeme continuar.
Sueño con poder matarlos, doctor. No sabe, cuánto deseo hacerlo.
O como mínimo, hacerlos tragar esos malditos zapatos.
Usted ya sabe, que no es que yo quiera odiar a la gente, es más bien algo natural.
Usted dirá que me irrito con facilidad, y que soy una especie de antropofóbico crónico, pero en el fondo, yo sé que todos odiamos a la gente, en cierta medida.
Y a pesar de que el odiar a la gente, me quite mi humanidad, me mantengo en mi postura; La gente es una mierda. La gente y sus zapatos, son una mierda.
La paloma emprendió, un vuelo apresurado, intentando frenéticamente escapar del vómito verbal, del cuál, estaba siendo víctima.
~ ¡Doctor! ¿Por qué me deja?, no sea descarado, ya le pagué la hora completa.¡Lo voy a denunciar al sindicato!, ¿Me oyó? , ¿Doctor?.
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