Lo esperaba desde hace cuarenta minutos. No sabía qué era lo
que la hacía quedarse a esperarlo durante horas, o más si fuese necesario. ¿Era
acaso que su amor por él la hacía sentirse viva en estos momentos? No,
definitivamente no.
Antes solía preguntarse cosas existenciales, o de índole
ideológicas antes de ir a dormir, para combatir un poco el ocio que le provocaba
el insomnio. Este método le era bastante útil, además le provocaba alivio el encontrar (en ciertas ocasiones) las respuestas a dichas preguntas. Así, bastante satisfecha consigo misma, caía
en los suaves brazos de Morfeo sin problema alguno.
Ahora en cambio, solía pensar y re-pensar en todas las
actividades que hizo con él. O qué es lo que hubiera hecho en distintas
situaciones (que por supuesto lo involucraban a él) donde no todo salió como
ella quería.
Era lo único que la hacía dormir tranquilamente. Le
enfermaba admitirlo, pero le encantaba pensar en él antes de dormir.
Miró hacia el cielo con añoranza de estar cerca suyo. Las
nubes corrían lentamente. Deseó ser una nube para poder verlo desde arriba.
Se sentía tan tonta pensando en él. Infantil, insulsa,
patética. Entre otros adjetivos que eligió cuidadosamente para sí. Odiaba
pensar en él.
Prendió un cigarrillo
para ahuyentar los tentadores pensamientos.
Ya lo esperaba hace más de una hora. Estaba lista para
recibir una llamada diciendo, "Lo siento, no pude llegar. Salgamos mañana
mejor" Decepcionante. Así es la vida. Y lo peor era que aunque él la
plantara mil veces, lo seguiría amando. Maldición, cómo lo amaba. El cigarrillo
se consumía con cada doloroso vaticinio, no tardó más de ocho minutos en
acabarlo.
Ya estaba pensando en qué es lo que haría al llegar a su casa, cuando
lo vio. Su cuerpo oscilaba tenso, mientras trotaba desesperado hacía ella. El
corazón le latía con tanta fuerza que creyó desfallecer. Se sintió angustiada
pero, a la vez aliviada. Como cuando andas por primera vez en bicicleta, y
temes caer, pero al mismo tiempo lo único que deseas es seguir. Pues la
adrenalina ha invadido tu cuerpo, y en ese momento impera lograr dominarlo
todo. Así se sentía cada vez que lo veía.
Él la abrazó y le pidió disculpas por el retraso. Ella lo
miró, y agresivamente le arrebató las palabras con un beso. Quería mostrarle su
dolor, quería escarmentarlo por sentirse a merced de su voluntad, quería
morderle los labios hasta que sangraran, quería desgarrarle el alma con
vehemencia... Quería permanecer adherida a esa boca infame por siempre.
Se sentía ambivalente, indefensa ante la ambigüedad de la
situación, donde el roce de sus labios, era el receptáculo de la amarga saliva,
hija de la nostalgia y los tormentos. Entonces pensó, que este instante absurdo
y primitivo era lo único que la mantenía con vida. Lo único que tiene sentido,
entre tantas ridiculeces e incoherencias que todos veneran como dogmas. Sus
labios le muestran que no está sola en el mundo. Que este momento noble y
efímero, le puede devolver la cordura; La fe si se quiere decir. Pero más que
todo lo innombrable dentro de las penurias mortales, sus labios le devuelven su
naturaleza, evocando el Génesis, lo primario que existe en ella.
El dulce momento termina. Él la mira y toma su mano,
dirigiéndola hacia un nuevo lugar. Ella lo sigue sin oponerse.
Lo ama. Y aunque intente resistirse, lo ama como nunca amó a
nadie.
Maldito amor... O "amor maldito"???
ResponderEliminar...Um... Por un par de minutos/horas...también es bendito para el que ama...
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