Recorriste con tus manos mi piel. Tocaste con tus labios mi hombro y descendiste lentamente hasta mi abdomen.
La suave brisa golpeaba con delicadeza mi ventana, quise voltear a mirar pero no me dejaste. Querías que mirase lo que me ibas a hacer.
La suave brisa golpeaba con delicadeza mi ventana, quise voltear a mirar pero no me dejaste. Querías que mirase lo que me ibas a hacer.
Recordaba cuando te conocí, y las ganas fervientes de hacerte mío. La imaginación puede jugar con tu mente, ¿sabes?. A veces soñaba despierta en el metro y bizarramente añoraba que aquellas fantasías se hicieran realidad ahí mismo delante de toda la gente. Creía enloquecer del sólo hecho de no tenerte conmigo en esos momentos. Me hacías perder la razón.
Pensaba en ocasiones que eras tan sólo producto de mi imaginación. Que cuando venías a mí, que cuando te tocaba era sólo un estímulo enviado por mi cerebro, para no sentirme tan sola. Que aquellos ojos color café, eran sólo una ilusión, una añoranza de una vida normal.
Pero no, no podía ser. El olor de tu pelo, la textura de tus labios, el calor que irradiaba tu cuerpo cada mañana, era tan real que dolía, y era ese dolor lo que me recordaba que no eras un sueño, una alucinación. Que eras tan tangible, que tocarte se me hacía adicción.
Yo quería tocarte, como nunca. Sentir tu carne bajo mis uñas. Quería besar cada parte de tu cuerpo, pero no. No querías que yo me moviera sin que antes te mirara a los ojos. Eras absurdamente cursi a veces.
Dejando que el tiempo pasase sólo me concentré en ti. Tenías razón después de todo, no había por qué apresurarnos.
Las horas caían lentamente, sólo se escuchaba el teclado resonar. Tecla a tecla, de manera veloz, se iban escribiendo las memorias. Aquellas que ya lejanas hacían eco en los recodos de mi cabeza, calando hondo potenciadas por el frío Invernal.
La habitación sigue siendo la misma, la cama sigue siendo una cama, pero tu recuerdo de algún modo escurrió por mis ojos, llegando hasta mi mano. No quise mirarme en ese momento, bien sabía lo que ocurría. Sigues estando ahí, en la palma de mi mano,en mis brazos, en mi vientre, en cada extensión de tejido externa, grabado de manera infinita en mi cuerpo.
Las horas marcadas por un reloj digital, sólo me indican que no dormiré mucho esta noche. El verde neón en la cabecera es el recordatorio de mi fallido intento por no recordar.
El viento al chocar con la ventana deja escapar tu nombre. Me doy cuenta entonces de que no es el viento quién te murmura, sino que torpemente he comenzado a nombrarte una y otra vez, como invocándote antes de quedarme dormida. Recostada mirando el techo me pregunto, cuántas noches más estaré así... Pensando en ti hasta dormirme.
Cierro los ojos, y sólo así tu recuerdo me deja respirar tranquila. Se va con la brisa de Invierno, danzando entre el eco de los ladridos nocturnos y los autos a lo lejos. Escapa así de la tortura a la que es sometido cada noche, escapa de ser pensado de manera reiterativa y enfermiza. Escapa de ser apresado, encapsulado. Escapa de ser definido, de que su existencia sea considerada tan sólo un simple momento, un pasaje oculto en las memorias obsoletas de una persona que se niega a dormir. Escapa al fin de ser encasillado eternamente...
Pensaba en ocasiones que eras tan sólo producto de mi imaginación. Que cuando venías a mí, que cuando te tocaba era sólo un estímulo enviado por mi cerebro, para no sentirme tan sola. Que aquellos ojos color café, eran sólo una ilusión, una añoranza de una vida normal.
Pero no, no podía ser. El olor de tu pelo, la textura de tus labios, el calor que irradiaba tu cuerpo cada mañana, era tan real que dolía, y era ese dolor lo que me recordaba que no eras un sueño, una alucinación. Que eras tan tangible, que tocarte se me hacía adicción.
Yo quería tocarte, como nunca. Sentir tu carne bajo mis uñas. Quería besar cada parte de tu cuerpo, pero no. No querías que yo me moviera sin que antes te mirara a los ojos. Eras absurdamente cursi a veces.
Dejando que el tiempo pasase sólo me concentré en ti. Tenías razón después de todo, no había por qué apresurarnos.
Las horas caían lentamente, sólo se escuchaba el teclado resonar. Tecla a tecla, de manera veloz, se iban escribiendo las memorias. Aquellas que ya lejanas hacían eco en los recodos de mi cabeza, calando hondo potenciadas por el frío Invernal.
La habitación sigue siendo la misma, la cama sigue siendo una cama, pero tu recuerdo de algún modo escurrió por mis ojos, llegando hasta mi mano. No quise mirarme en ese momento, bien sabía lo que ocurría. Sigues estando ahí, en la palma de mi mano,en mis brazos, en mi vientre, en cada extensión de tejido externa, grabado de manera infinita en mi cuerpo.
Las horas marcadas por un reloj digital, sólo me indican que no dormiré mucho esta noche. El verde neón en la cabecera es el recordatorio de mi fallido intento por no recordar.
El viento al chocar con la ventana deja escapar tu nombre. Me doy cuenta entonces de que no es el viento quién te murmura, sino que torpemente he comenzado a nombrarte una y otra vez, como invocándote antes de quedarme dormida. Recostada mirando el techo me pregunto, cuántas noches más estaré así... Pensando en ti hasta dormirme.
Cierro los ojos, y sólo así tu recuerdo me deja respirar tranquila. Se va con la brisa de Invierno, danzando entre el eco de los ladridos nocturnos y los autos a lo lejos. Escapa así de la tortura a la que es sometido cada noche, escapa de ser pensado de manera reiterativa y enfermiza. Escapa de ser apresado, encapsulado. Escapa de ser definido, de que su existencia sea considerada tan sólo un simple momento, un pasaje oculto en las memorias obsoletas de una persona que se niega a dormir. Escapa al fin de ser encasillado eternamente...
Y así por una noche obtiene la libertad, que aún no soy capaz de darle.
Creo que andamos cerca del mismo rollo de la nostalgia. yo si creo que la mente nos juega sucio, es toda una perra esa. Imaginate que con solo una idea te vuelves un mar de lagrima, o una maquina de nervios. Fuerte
ResponderEliminarMe encanto! Como siempre!
A veces, quedarse dormido es peor aun!
ResponderEliminarSaludos. Me alegra que hayas regresado por estos lares.