05:45 A.M, madrugada del día martes.
Lo oscuro en la habitación se acopla a la perfección con el sentimiento. Las ganas están intactas, el miedo así mismo se mantiene latente. Estoy en un constante ir y venir de iniciativas, de ruegos y añoranzas envueltas en juegos de palabras, roces sutiles en tus manos, confesiones atoradas en los labios de manera perpetua, casi dolorosa.
Todo pasa en cámara lenta. Los pensamientos siguen un curso caótico y abrumador… Hubo una ocasión en que me pregunté si era realmente posible hacer más de una cosa a la vez. Pues bueno, lo terminé comprobando al estar contigo. No me malinterpretes, es solo que los vacíos que se tienden a formar dejan bastante espacio para reflexionar. ¿Qué terrible coincidencia de situaciones, no? Más para una persona como yo, que suele repensar cada decisión que toma o que llegará a tomar.
Decir que “espero” suena tan patético, suena a tanta imprecisión léxica de mi parte. Y a pesar de esa noción, sigo utilizando ese maldito verbo. La incertidumbre, la espera constante, las ganas de todo que se traducen finalmente en ganas de nada, la rabia ante la negación, el sudor cálido en las palmas, los sueños que dicen tanto, pero que son obviados por el terror que provocan, el aferrarse a uno mismo mientras se camina a través de un mar de gente, el querer/no querer, el tomar la decisión errónea y saberlo, el beber vino sola, la permanente postura cerca de la estufa, los espasmos culposos, las lágrimas que no deberían formarse, el listado de situaciones sin sentido, moverse por inercia: la paradoja de toda una vida.
El paso metafórico que he de dar está ahí, siempre estuvo la opción, pero quise apartarlo en caso de “escape forzoso”. En caso de que me traicionara a mí misma, en caso de que todo valor o principio se viese contradicho por mis acciones, en caso de que decidiese ir en contra de mi lógica maniática, en caso de que las ganas mutaran en sentir, en caso de que me volviese reiterativa y abusara de las comas enumerativas, en caso de que lo pensado se tradujera en lo no debido, pero finalmente ejecutado, en caso de que el monotema se instaurara como régimen en cada conversación, en caso de que lo permisivo significara peligroso (y eso es siempre).
Las cortinas abiertas de par en par. La luz en la habitación se acopla perfectamente con el sentimiento. La claridad que adormece las pasiones y que lleva a la comprensión, lo nítido en lo establecido, las nuevas reglas a las que me someteré, la canción que oía cuando venía en la micro se repite en mi cabeza, los ojos se cierran en un esfuerzo último por bloquear lo que quiero dar, las mismas confesiones atoradas en los labios, pero eso ya no importa, no corre, no vale, no aplica. Las ganas han sido sobrepasadas por la frustración.
06:03 A.M, madrugada del día martes.
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