"Temblábanle las manos sin control alguno. Su cuerpo reverberando en silencio, anunciaba la tan odiada incoherencia. Ésta, inoportuna, se presentaba cada vez que la veía, o le hablaba, incluso cada vez que la escuchaba venir hacia él, con esas ruidosas zapatillas con suela de goma, que a él tanto le gustaban y que ella usaba cada vez que podía, (o cada vez que el clima se lo permitía.)
Quería hablarle. Decirle tantas cosas...
Nuevamente hablaban de temas superfluos. Impaciente, abre la boca para decirlo todo. Ella lo mira atenta.
Creyendo que lo lograría, deja hablar a su corazón,(Aunque técnicamente éste no cumpla dicha función, pensó)¡ADELANTE! DILE TODO... Ni aire salió de sus labios.
Corazón cobarde, pensó. ¡NO! YO SOY EL COBARDE. Cómo no decirle que la amo... Si sólo debo decirlo. VAMOS, ARRIÉSGATE. (...) Pero nada afloró de su pecho. Se asombró de su propia falta de coraje.
Alguna vez se preguntó si esa era 'su cruz', (ya saben, en una de esas encantadoras noches de verano, donde el ocio se abre paso a través de la somnolencia.)
Si acaso el hecho de no ser capaz de decirle lo que sentía por ella, y estar destinado a estos diálogos corteses, dónde el tópico de mayor relevancia era qué vieron en la televisión el día anterior, sería la carga que debería llevar para toda su vida.
Pensó en su situación. ERES UN INCAPACITADO EMOCIONAL. UN ENFERMO, se dijo. Y ERES TAN PATÉTICO, QUE NO HACES NADA POR CAMBIAR, ERES... (...) De qué valía autodestruirse, de qué valía sabotear cada intento de acercarse, si al fin y al cabo, ni siquiera estaba seguro de amarla. Nada en la vida es seguro, pensó.
A quién engañaba. La amaba. La amaba tanto, que le quemaba las entrañas pensar en ello. Le ardía el cuerpo, se le secaba la boca, le sudaban las palmas y el corazón le latía más rápido. Se sentía enfermo, pero adoraba esa sensación de debilidad. Se avergonzaba de sentirse así, y a la vez anhelaba dichos síntomas a cada hora del día. Exudaba ambivalencia, por cada poro de su piel. (...)
Ella seguía hablando de minucias. ¡Dios!, cómo amaba la manera en que ella hacía parecer importantes, las cosas más absurdas. Escuchó cada sílaba que ella emitió. Atrapó cada suspiro entre frases, como un niño egoísta que acapara un juguete sólo para él. Y dedicó plena atención a las palabras de esa mujer. (...)
Eran ya las diez de la noche, cuando ella miró su reloj. - Me tengo que ir, dijo ella suspirando, mirando aún el reloj.
- No, no puede ser que ya sean las diez. Comentó él con pesar, pues bien sabía, que a esa hora en particular, ella tomaba el autobús a su casa.
- Realmente te gusta escucharme hablar, dijo ella de manera risueña mientras lo miraba directamente a los ojos.
En un arranque de sinceridad, (que parecía de éstos que son propiciados por alguna droga, alcohol, brebaje místico u otra clase de estimulante, pero que en este caso sólo se generó por la sinceridad acumulada durante años) le dijo:
- Sí, la verdad, es mi parte favorita del día.
Cuando terminó esta simple frase, sintió como su torso se paralizaba, mientras procesaba lo que acababa de decirle a ella. ¿En qué universo paralelo, se le hubiese ocurrido siquiera decir algo parecido? Se había delatado por completo.
Se aprontaba a recibir el golpe certero de un rechazo esperado por tantos años. (Para ser exactos dos años, desde el día que entre risas y un cigarrillo, se dio cuenta que la amaba).
Ella lo miró con curiosidad, mordiéndose el el labio inferior. Entonces vociferó con decisión:
- Ves, eso es lo que más me gusta de ti.
Se sintió descolocado, enmudecido, amordazado por una fuerza invisible.
Su cuerpo se contraía, sin saber cómo debía actuar. Se sentía extraño, como si lo que ella le acababa de decir, fuese incorrecto, o indebido (...)
Ella hizo un ademán, lo besó en la mejilla y luego con premura, corrió hacía la parada del autobús.
Esas agridulces palabras, ahora pululaba en su cerebro de manera agresiva y constante... "ves, eso es lo que más me gusta de ti". ¿Qué acaso ella...? Una sensación de calor se apoderó de su rostro, trató de balbucear un 'adiós', pero ella ya se encontraba muy lejos para oírlo.
No sabía qué hacer. Realmente no sabía qué hacer. Es decir, ¿acaso ella acababa de decir, lo que él creyó oír?... Al parecer, el tema de ésta y muchas otras noches sería ese.
Cómo no amar aquellas noches de verano..."
16 octubre 2012
27 octubre 2011
Es verdad.
A veces aunque uno sabe lo que tiene que hacer, prefiere ignorar sus responsabilidades, y disfrutar del placer que conlleva no hacer nada.
Me pasa ahora, y me pasará en otros momentos, lo sé.
¿Es difícil aceptar que nos estamos equivocando?
Es bueno escribirlo, me hace ver que realmente debo cambiar.....
Me pasa ahora, y me pasará en otros momentos, lo sé.
¿Es difícil aceptar que nos estamos equivocando?
Es bueno escribirlo, me hace ver que realmente debo cambiar.....
26 agosto 2011
"Halloween, para mi"
Era una noche de Halloween, y la verdad nunca antes había querido celebrarla, pues la encontraba una celebración estúpida, y muy poco propia de mi país, pero justo esa noche, fui persuadida por mis amigos, que nunca aceptan un NO, como respuesta.
Así que decidimos ir a la casa de José, a ( ilusamente), pedir golosinas, a cuánta casa viéramos.
Para qué comentar lo ridículos que nos veíamos. Niños de casi 15 años, disfrazados. Eso era para "YouTube".
Una pirata vestida con cortinas de baño, una fantasma hecha de sábanas, y un vampiro con la cara dibujada con plumones permanentes. No nos juzguen, siempre fuimos muy infantiles. Yo diría que hasta hoy, conservo una parte de aquella niña ilusa.
Cuando uno se imagina Halloween, lo primero que se le viene a la mente son niños, corriendo molestamente por las calles, pidiendo golosinas, y amenazando fútilmente, con travesuras, que no siempre se cumplen...
Pero, cuando se amplía el concepto, se nos viene a la mente miedo, horror, criaturas nocturnas, y demases.
De eso se trata esta historia, del único y fatídico día, en que se nos ocurrió celebrar Halloween.
"__¡José, Andrea!, ¿Me pueden esperar?...Miren que no distingo mucho, estas calles casi no están iluminadas.
En efecto, los postes de luz en aquel barrio, eran bastante defectuosos, por lo que funcionaban en ciertos sectores, para luego dejar de funcionar, hasta cuatro pasajes más adelante.
Los amigos se detuvieron para esperar a Cristina que rápidamente se les incorporó.
La idea era recolectar la mayor cantidad de dulces, antes de que anocheciera por completo.
Eran casi las 9:00 P:M, y no se divisaban niños por ningún lado.
Un escalofrío se deslizaba constantemente por sus espaldas, sin notarlo, avanzaron más de 10 cuadras....
__ José, no creo conocer este lugar, dijo Andrea temblorosa.
__Yo, tampoco había visto nunca este lugar, ¿Por qué no nos devolvemos?, dijo Cristina lentamente.
José, se quedó en silencio, reflexionando , ¿en qué lugar estaban?. De pronto, su rostro palideció, fragmentos de una conversación había retornado a su mente. No podía creerlo.
__Creo saber donde estamos, dijo con torpeza. Mi abuela nos contó a mi hermano y a mi, una historia relacionada con este lugar, no lo recuerdo del todo, sólo recuerdo que una persona murió aquí, cerca de la línea del tren.... y ....
__¡Qué!, gritaron las chicas, al unísono.
Y dicen que su casa era ésta. Levantando su mano con rudeza, la dirigió hacia una casa que se hallaba a unos dos metros de ellos.
Los jóvenes la admiraron con profundo temor. Y bien hacían en temerle, era una casa horrenda, que se caía a pedazos, la pintura se deshojaba con el toque del viento, el patio delantero estaba saturado de malezas, las ventanas en su mayoría rotas, dentro repicaba el crujir de la madera húmeda, y en frente una oxidada reja, de color rojo. Podría haber sido una ilusión, pero daba la impresión de que su tono escarlata, era por completo sangre del antiguo dueño de ésta.
Los tres giraron la cabeza hacia la aterradora casa. No tenían idea, de por qué, no la habían visto al ir caminando. ¿De verdad, cuando uno está distraído, no se percata de las cosas a su alrededor?
José tomó de las manos a las niñas, y las guió cerca de la casa.
__Qué haces?, dijo Cristina. Estás loco, no quiero entrar ahí..
__ Yo tampoco, dijo Andrea. No me parece muy buena idea.
__ ¡Que son cobardes!, no se ha vivido un verdadero Halloween, hasta que no nos asustemos de verdad, ¿no creen?, dijo José con un tono burlesco.
Las dos niñas accedieron, y aunque el temor las hacía querer irse, la adrenalina las instaba a entrar y terminar con lo que hubiesen iniciado.
Abrieron la reja con mucho cuidado, pero aún así el roce de los arcaicos metales, retumbaron estruendosamente. Los tres contorsionaron sus rostros por el agudo sonido.
Avanzaron con sigilo hasta la puerta, la cuál extrañamente tenía unas iniciales marcadas en ella.
__ "S.P", repitió Cristina. No le dieron mayor importancia a aquellas letras, seguramente algún niño, lo había tallado allí, por diversión.
La puerta estaba trabada por una débil rejilla, por lo que con una patada de José, cedió de inmediato.
José las miro con suficiencia, Las chicas miraron hacía otro lado, y rieron silenciosamente por la ostentosa presentación de su amigo.
Siguieron avanzando, y llegaron a la cocina. (si a eso se le puede llamar cocina). Al lado del fregadero, había una escalera de caracol, que llevaba a los dormitorios del segundo piso.
Los tres se miraron.
__Ya estamos aquí, terminemos con esto. Dijo Cristina, envalentonada por la adrenalina.
__Ok!, dijo José, Así me gusta..... Andrea, ¿vienes o no?
__Bueno, prefiero ir que quedarme sola aquí. Dijo Andrea casi en un susurro.
Cristina se les adelantó, subiendo cuidadosamente por la vieja escalera. Muy cerca de ella estaba José, y luego Andrea, que miraba constantemente hacía abajo.
Los pasos de los tres, se hicieron uno, avanzando cada vez que el otro se movía.
Llegando al segundo piso, un fuerte remesón los atacó. Era un sonido espantoso, acompañado de un movimiento parecido al de un temblor.
Cristina le tomó el hombro fuertemente a José. Como pidiéndole que escaparan de aquel lugar.
José no se movió ni un centímetro, sólo se limito a decir....
__¡El tren! no se asusten fue el tren. Ustedes saben que el tren pasa muy seguido, por la vías atrás de esta villa.
Los tres bajaron la guardia por unos instantes, quizás se estaban imaginando todos estos ruidos, la tensión de entrar a un lugar desconocido, la adrenalina que proporcionaba Halloween, además de aquella solitaria noche, estaban haciendo estragos en sus mentes. Se detuvieron a media escalera, para retomar el aliento.
__Sigamos,pero, vamos a mirar el cuarto de arriba y nos vamos, ya. Dijo Cristina, suspirando.
__Bueno, dijo José, ya más tranquilo.
__Está bien, nos vamos apenas veamos qué hay arriba. Dijo con más calma Andrea.
El dormitorio superior los esperaba. Terminaron al fin la monstruosa escalera, y se toparon con el único cuarto abierto. Un haz de luz de luna se asomaba por los cristales rotos, de la ventana ubicada al costado derecho del cuarto. Los tres entraron al mismo tiempo, con la emoción a flor de piel, y la excitación que sólo podría brindar una situación de peligro. Se asomaron al cuarto, Bombeábales el corazón, sangre a chorros, a cada una de sus venas, y éstas palpitaban tan desvocadamente, que casi creyeron sufrir un ataque cardiaco.
La emoción duró tan sólo diez segundos, para luego dar paso, a un terror incontenible, y a una necesidad de escapar de ahí, aunque fuese lanzándose por la ventana.
Se supone que la vista funciona, conectada directamente con el cerebro, y éste según lo que veamos, nos manda diferentes emociones...
No podían creer lo que veían, Cristina no paraba de gritar ante aquel monstruoso ente, Andrea sólo lloraba con la cara pegada a sus manos, y José miraba con espanto a aquella cama, observando asqueado los restos de un cuerpo hecho huesos, partido en medio.
Tardaron en darse cuenta, pero al fin se percataron, eran los restos de aquella persona. Nunca la enterraron, y quizás quién lo llevó hasta aquí, ¿ su asesino?..... José se movió rápidamente....
__No podemos quedarnos aquí. Sujetó de la mano a Cristina, y de un remesón la hizo volver en sí.
__Vámonos Andrea, dijo José, sujetándola de la mano.
Corrieron frenéticamente, para escapar de ahí. No tardaron más de cinco minutos en salir a la calle.
Asimismo corrieron camino a casa de José, sólo cuando estuvieron a metros de ésta, pararon a respirar...
__¿Qué demonios fue eso?, dijo Andrea en un grito.
__Era... era, tartamudeó José.
__Era el cuerpo de la persona que murió cerca de la línea del tren. Eso era lo que ibas a decir, no es verdad José. Dijo Cristina
__Sí, eso era lo que pensaba decir. Murmuró José.
Los tres se miraron con espanto. Caminaron silenciosamente hasta la casa de José. No dijeron nada hasta que se fueron a dormir.
__ Mañana debemos ir a esa casa. Miró José a las dos chicas, esperando que se negaran.
__Está bien, debemos ir, y ver si fue una ilusión o en verdad sucedió. Cristina puso énfasis en ilusión. Tratando de negar lo que vieron.
Andrea sólo asintió, con la mente en otros asuntos. Esperaba no soñar con el horrible hallazgo del cadáver de hace sólo unas horas.
Durmieron, para olvidar lo sucedido.....
Al día siguiente, se levantaron temprano, para no levantar sospechas. Se encaminaron raudamente a la dichosa casa.
Estando ya cerca de allí, notaron que no aparecía por ningún lado. Sí estaban las casas aledañas, pero justamente la casa donde se hallaba el cadáver, no aperecía por ningún lado.
De pronto, Andrea los llama con apuro. José y Cristina corrieron hacia su amiga. Ésta miraba pasmada el suelo.
Dirigieron la mirada a la arena amarillenta de la calzada. Palidecieron en conjunto, al notar que en la arena se escribían unas cuantas letras....
ADIÓS.... S.P.__"
Eso es lo que sucede cuando buscas algo que, enrealidad nunca fue de tu incumbencia.......
Así que decidimos ir a la casa de José, a ( ilusamente), pedir golosinas, a cuánta casa viéramos.
Para qué comentar lo ridículos que nos veíamos. Niños de casi 15 años, disfrazados. Eso era para "YouTube".
Una pirata vestida con cortinas de baño, una fantasma hecha de sábanas, y un vampiro con la cara dibujada con plumones permanentes. No nos juzguen, siempre fuimos muy infantiles. Yo diría que hasta hoy, conservo una parte de aquella niña ilusa.
Cuando uno se imagina Halloween, lo primero que se le viene a la mente son niños, corriendo molestamente por las calles, pidiendo golosinas, y amenazando fútilmente, con travesuras, que no siempre se cumplen...
Pero, cuando se amplía el concepto, se nos viene a la mente miedo, horror, criaturas nocturnas, y demases.
De eso se trata esta historia, del único y fatídico día, en que se nos ocurrió celebrar Halloween.
"__¡José, Andrea!, ¿Me pueden esperar?...Miren que no distingo mucho, estas calles casi no están iluminadas.
En efecto, los postes de luz en aquel barrio, eran bastante defectuosos, por lo que funcionaban en ciertos sectores, para luego dejar de funcionar, hasta cuatro pasajes más adelante.
Los amigos se detuvieron para esperar a Cristina que rápidamente se les incorporó.
La idea era recolectar la mayor cantidad de dulces, antes de que anocheciera por completo.
Eran casi las 9:00 P:M, y no se divisaban niños por ningún lado.
Un escalofrío se deslizaba constantemente por sus espaldas, sin notarlo, avanzaron más de 10 cuadras....
__ José, no creo conocer este lugar, dijo Andrea temblorosa.
__Yo, tampoco había visto nunca este lugar, ¿Por qué no nos devolvemos?, dijo Cristina lentamente.
José, se quedó en silencio, reflexionando , ¿en qué lugar estaban?. De pronto, su rostro palideció, fragmentos de una conversación había retornado a su mente. No podía creerlo.
__Creo saber donde estamos, dijo con torpeza. Mi abuela nos contó a mi hermano y a mi, una historia relacionada con este lugar, no lo recuerdo del todo, sólo recuerdo que una persona murió aquí, cerca de la línea del tren.... y ....
__¡Qué!, gritaron las chicas, al unísono.
Y dicen que su casa era ésta. Levantando su mano con rudeza, la dirigió hacia una casa que se hallaba a unos dos metros de ellos.
Los jóvenes la admiraron con profundo temor. Y bien hacían en temerle, era una casa horrenda, que se caía a pedazos, la pintura se deshojaba con el toque del viento, el patio delantero estaba saturado de malezas, las ventanas en su mayoría rotas, dentro repicaba el crujir de la madera húmeda, y en frente una oxidada reja, de color rojo. Podría haber sido una ilusión, pero daba la impresión de que su tono escarlata, era por completo sangre del antiguo dueño de ésta.
Los tres giraron la cabeza hacia la aterradora casa. No tenían idea, de por qué, no la habían visto al ir caminando. ¿De verdad, cuando uno está distraído, no se percata de las cosas a su alrededor?
José tomó de las manos a las niñas, y las guió cerca de la casa.
__Qué haces?, dijo Cristina. Estás loco, no quiero entrar ahí..
__ Yo tampoco, dijo Andrea. No me parece muy buena idea.
__ ¡Que son cobardes!, no se ha vivido un verdadero Halloween, hasta que no nos asustemos de verdad, ¿no creen?, dijo José con un tono burlesco.
Las dos niñas accedieron, y aunque el temor las hacía querer irse, la adrenalina las instaba a entrar y terminar con lo que hubiesen iniciado.
Abrieron la reja con mucho cuidado, pero aún así el roce de los arcaicos metales, retumbaron estruendosamente. Los tres contorsionaron sus rostros por el agudo sonido.
Avanzaron con sigilo hasta la puerta, la cuál extrañamente tenía unas iniciales marcadas en ella.
__ "S.P", repitió Cristina. No le dieron mayor importancia a aquellas letras, seguramente algún niño, lo había tallado allí, por diversión.
La puerta estaba trabada por una débil rejilla, por lo que con una patada de José, cedió de inmediato.
José las miro con suficiencia, Las chicas miraron hacía otro lado, y rieron silenciosamente por la ostentosa presentación de su amigo.
Siguieron avanzando, y llegaron a la cocina. (si a eso se le puede llamar cocina). Al lado del fregadero, había una escalera de caracol, que llevaba a los dormitorios del segundo piso.
Los tres se miraron.
__Ya estamos aquí, terminemos con esto. Dijo Cristina, envalentonada por la adrenalina.
__Ok!, dijo José, Así me gusta..... Andrea, ¿vienes o no?
__Bueno, prefiero ir que quedarme sola aquí. Dijo Andrea casi en un susurro.
Cristina se les adelantó, subiendo cuidadosamente por la vieja escalera. Muy cerca de ella estaba José, y luego Andrea, que miraba constantemente hacía abajo.
Los pasos de los tres, se hicieron uno, avanzando cada vez que el otro se movía.
Llegando al segundo piso, un fuerte remesón los atacó. Era un sonido espantoso, acompañado de un movimiento parecido al de un temblor.
Cristina le tomó el hombro fuertemente a José. Como pidiéndole que escaparan de aquel lugar.
José no se movió ni un centímetro, sólo se limito a decir....
__¡El tren! no se asusten fue el tren. Ustedes saben que el tren pasa muy seguido, por la vías atrás de esta villa.
Los tres bajaron la guardia por unos instantes, quizás se estaban imaginando todos estos ruidos, la tensión de entrar a un lugar desconocido, la adrenalina que proporcionaba Halloween, además de aquella solitaria noche, estaban haciendo estragos en sus mentes. Se detuvieron a media escalera, para retomar el aliento.
__Sigamos,pero, vamos a mirar el cuarto de arriba y nos vamos, ya. Dijo Cristina, suspirando.
__Bueno, dijo José, ya más tranquilo.
__Está bien, nos vamos apenas veamos qué hay arriba. Dijo con más calma Andrea.
El dormitorio superior los esperaba. Terminaron al fin la monstruosa escalera, y se toparon con el único cuarto abierto. Un haz de luz de luna se asomaba por los cristales rotos, de la ventana ubicada al costado derecho del cuarto. Los tres entraron al mismo tiempo, con la emoción a flor de piel, y la excitación que sólo podría brindar una situación de peligro. Se asomaron al cuarto, Bombeábales el corazón, sangre a chorros, a cada una de sus venas, y éstas palpitaban tan desvocadamente, que casi creyeron sufrir un ataque cardiaco.
La emoción duró tan sólo diez segundos, para luego dar paso, a un terror incontenible, y a una necesidad de escapar de ahí, aunque fuese lanzándose por la ventana.
Se supone que la vista funciona, conectada directamente con el cerebro, y éste según lo que veamos, nos manda diferentes emociones...
No podían creer lo que veían, Cristina no paraba de gritar ante aquel monstruoso ente, Andrea sólo lloraba con la cara pegada a sus manos, y José miraba con espanto a aquella cama, observando asqueado los restos de un cuerpo hecho huesos, partido en medio.
Tardaron en darse cuenta, pero al fin se percataron, eran los restos de aquella persona. Nunca la enterraron, y quizás quién lo llevó hasta aquí, ¿ su asesino?..... José se movió rápidamente....
__No podemos quedarnos aquí. Sujetó de la mano a Cristina, y de un remesón la hizo volver en sí.
__Vámonos Andrea, dijo José, sujetándola de la mano.
Corrieron frenéticamente, para escapar de ahí. No tardaron más de cinco minutos en salir a la calle.
Asimismo corrieron camino a casa de José, sólo cuando estuvieron a metros de ésta, pararon a respirar...
__¿Qué demonios fue eso?, dijo Andrea en un grito.
__Era... era, tartamudeó José.
__Era el cuerpo de la persona que murió cerca de la línea del tren. Eso era lo que ibas a decir, no es verdad José. Dijo Cristina
__Sí, eso era lo que pensaba decir. Murmuró José.
Los tres se miraron con espanto. Caminaron silenciosamente hasta la casa de José. No dijeron nada hasta que se fueron a dormir.
__ Mañana debemos ir a esa casa. Miró José a las dos chicas, esperando que se negaran.
__Está bien, debemos ir, y ver si fue una ilusión o en verdad sucedió. Cristina puso énfasis en ilusión. Tratando de negar lo que vieron.
Andrea sólo asintió, con la mente en otros asuntos. Esperaba no soñar con el horrible hallazgo del cadáver de hace sólo unas horas.
Durmieron, para olvidar lo sucedido.....
Al día siguiente, se levantaron temprano, para no levantar sospechas. Se encaminaron raudamente a la dichosa casa.
Estando ya cerca de allí, notaron que no aparecía por ningún lado. Sí estaban las casas aledañas, pero justamente la casa donde se hallaba el cadáver, no aperecía por ningún lado.
De pronto, Andrea los llama con apuro. José y Cristina corrieron hacia su amiga. Ésta miraba pasmada el suelo.
Dirigieron la mirada a la arena amarillenta de la calzada. Palidecieron en conjunto, al notar que en la arena se escribían unas cuantas letras....
ADIÓS.... S.P.__"
Eso es lo que sucede cuando buscas algo que, enrealidad nunca fue de tu incumbencia.......
13 mayo 2011
Rememorando al papel.
Un barco de papel.....
En mis manos está, lo veo con la ilusión de una niña.
Veo la tinta que cruza sus curvas, dando forma a las ya olvidadas letras que alguna vez lo definieron como periódico. ¿Cómo habrá sido tu vida en esos tiempos?
Tienes tu propia luna, y con ella, tu propio destino...
En mis manos está, lo veo con la ilusión de una niña.
Veo la tinta que cruza sus curvas, dando forma a las ya olvidadas letras que alguna vez lo definieron como periódico. ¿Cómo habrá sido tu vida en esos tiempos?
No, mejor no recordar. Ahora eres un camaleón; Puedes ser una flor, un soldado, quizás un rústico avión, o simplemente una superficie absorvente, como dicen por ahí.....
Pero, hoy, en mis manos, eres un barco. Uno dispuesto a navegar cualquier charco, al que mis manos te guíen. Sin dudarlo, recorrerías el mar, hasta deshacerte.
Secundado por el viento, sea éste natural, o proviniente de mis labios. Da igual, lo importante es volver a la vida.Tienes tu misión y combustible, me queda sólo desearte suerte, y lanzarte así, al infinito.
17 marzo 2011
Buenas noches ....
______ Anoche me contaba un cuento para dormir. Suelo hacer eso cuando no puedo conciliar el sueño.
Me decía: "Llegaban 3 mujeres, en tres diferentes autos, pero, todas con un mismo destino. Las tres venían a visitar a una amiga, la cuál recientemente había cambiando de residencia.
Bajando del auto silenciosamente, ( todo lo silencioso que se le puede pedir a un auto), se miran las unas a las otras, con una gran sonrisa, la cuál ni ellas saben si es real o falsa.
En un acuerdo sin palabras, deciden entrar a la casa al mismo tiempo, dramatizando, lo que sería un encuentro "no casual de viejas amigas".
La puerta se abre lentamente, y enseguida aparece la amiga, a la que estas tres mujeres venían a visitar.
Luego de charlar un rato, y posteriormente comer, la dueña de casa, dice que va a comprar algunas cosas, a un almacén, no muy lejos de aquí, por lo que debe dejarlas un momento solas.
Ellas le responden que no hay problema, que vaya con cuidado, y que ellas arreglarán la mesa para la cena, mientras ella va a comprar.
Arreglar la mesa no les toma más de siete minutos, por lo que deciden mirar más detenidamente la nueva casa de su amiga.
La casa quedaba a unos metros de un cementerio, uno de estos nuevos cementerios, que parecen más parques que otra cosa, por lo que se convierten en figuras aún más tétricas que los cementerios convencionales.
En la casa corría un viento frío, el cual les helaba los huesos. Lo cual era bastante raro para una tarde de otoño, y menos este año que había sido principalmente caluroso.
La noche sería bastante particular, rayando en lo escalofriante.
Ya habían pasado casi cuarenta minutos, y su amiga no volvía.
Comenzaron a preocuparce, así que una de ellas decide llamarla a su celular, para así ubicarla más rápido, puesto que ellas no conocían el barrio, y menos tenían idea de, dónde quedaba dicho almacén.
Un molesto mensaje salió a responderles a estas tres desconcertadas amigas. , "el teléfono al que ud. marcó no existe".
Deciden, ir caminando a buscar a su amiga.
Al llegar a la primera curva del camino, notaron que no habían más casas bordeando la calle.
¿No recordaban haber visto, casi tres manzanas de nuevas casas?
Ya ni se veía la casa de su amiga, sólo se veía el brillo de los tres autos aparcados a lo lejos.
¿Creen que esté muy lejos?, dijo una de ellas. No lo sé, respondieron a coro la otras dos.
Caminaron casi una hora, buscando el dichoso almacén. Sólo había, calles y más calles vacías.
Y tan sólo habían visto un par de propiedades, que parecían más granjas, que almacenes.
Tal vez ya regresó a su casa.... y si no nos ve, se va a preocupar. Debemos regresar, dijeron.
Caminaron con paso rápido a la casa de su amiga, por suerte habían memorizado parte de la ruta que tomaron en su búsqueda.
Llegando a la curva que da a la casa, notaron algo extraño.
Ya no había iluminaria, no había un camino pavimentado, practicamente no había nada. Sólo había una luz muy débil, que parpadeaba a lo lejos, en el lugar donde se hayaba la casa.
Sus pasos se hicieron pesados. Algo les advertía que no debían seguir. ¡Huyan!, lárguense y no vuelvan. Pero así como era fuerte su necesidad de huir, también lo era su curiosidad. Les imperaba ver qué era lo que sucedía.
A pasos de la casa notaron con terror que ésta había desaparecido, y que en su lugar aparecía amenazante el cementerio que suponían a más de cien metros de allí, pero que ahora estaba a tan sólo unos pasos de ellas.
No muy lejos se asomaba la tenue luz, guiándolas, como un débil faro en la oscuridad.
No supieron cómo llegaron hasta la luz. La intriga mezclada con la adrenalina fluía violentamente por sus venas, haciéndolas olvidar cualquier atisbo de raciocinio.
Ya no distinguían si la luz se acercaba, o si ellas se movían.
A sus pies se hallaba una pequeña vela que oscilaba constantemente por la brisa, estaba pegada rústicamante a una grisácea lápida.
Antes de poder pensar en lo que sucedía, o pensar si esto era algo sobrenatural, o sólo una alucinación, un nombre afloró con fuerza desde el suelo. Era el nombre de su amiga, tallado en la pedregosa lápida.
Ésta tenía grabada la data de muerte, la cuál notificaba que hace tres meses había fallecido, tiempo en el cual supuestamente, ella se había mudado a esta casa.
Las tres se tomaban las manos. No decían nada. ¿Qué puede uno decir en estas situaciones?. Como si este tipo de situaciones sucedieran a menudo.
Ninguna lloraba, era como si ya lo hubiesen sabido desde siempre, y sólo no tuvieron el valor para afrontarlo.___
Justo cuando terminaba de narrarme esta linda historia para dormir, una helada brisa golpeó a mi ventana.
Me quedé inmóvil, tapada hasta la cara, esperando a que mis personajes me vinieran a atacar desde el limbo narrativo..... pero obvio, no pasó nada. Por suerte para mí.
12 marzo 2011
Hombre invisible ~ Hombre sin rostro.
¿Acaso la gente, me ignora?
_No, es sólo que no te ven.
Pero, yo quiero que me vean.
_Lo sé. Pero, no por desearlo, se va a cumplir. Sabes, a veces que no te vean es una ventaja.
No sabes lo que dices. Tienes suerte de que ellos puedan verte.
_Tú no sabes lo que dices. ¿Suerte?, esto es un desastre. Que te vean y huyan, no es suerte.Créeme, preferiría mil veces ser como tú ; No ser visto, pero estar seguro.
Pero, cuando no te ven, es como si ya no existieras ; Pierdes toda condición humana, pues ni siquiera puedes ser considerado eso, " un ser ".
_No deberías ser tan auto compasivo, pensé que yo era el melodramático aquí.
Tienes razón, quizás algún día la gente se ponga en nuestro lugar. En el lugar de las personas invisibles, y las que de apariencia inspiran cosas que no son.
_Quizás amigo, algún día
_No, es sólo que no te ven.
Pero, yo quiero que me vean.
_Lo sé. Pero, no por desearlo, se va a cumplir. Sabes, a veces que no te vean es una ventaja.
No sabes lo que dices. Tienes suerte de que ellos puedan verte.
_Tú no sabes lo que dices. ¿Suerte?, esto es un desastre. Que te vean y huyan, no es suerte.Créeme, preferiría mil veces ser como tú ; No ser visto, pero estar seguro.
Pero, cuando no te ven, es como si ya no existieras ; Pierdes toda condición humana, pues ni siquiera puedes ser considerado eso, " un ser ".
_No deberías ser tan auto compasivo, pensé que yo era el melodramático aquí.
Tienes razón, quizás algún día la gente se ponga en nuestro lugar. En el lugar de las personas invisibles, y las que de apariencia inspiran cosas que no son.
_Quizás amigo, algún día
10 marzo 2011
Cómo se lo describo... con una onomatopeya?
Hay algo que no me ha dejado dormir últimamente.
Sabe doctor, me acecha la idea de matar a la gente que me rodea.
Sé muy bien que ya hemos hablado un sinfín de veces, que debo controlar este tipo de pensamientos, suprimirlos, ignorarlos. Doctor, he hecho, hasta mis ejercicios de respiración. Pero, pasan, y pasan los días, y lo que menos quiero es tener gente cerca.
Me molesta como la gente me rodea, camina, y habla cerca de mí.
Me desquicia el "tip, tap", de sus malditos zapatos. Me trastorna hasta el crujir del pavimento bajo sus pies.
No me llame exagerado. Se supone que aquí usted no juzga a los pacientes. No doctor, no lo estoy amenazando. Déjeme continuar.
Sueño con poder matarlos, doctor. No sabe, cuánto deseo hacerlo.
O como mínimo, hacerlos tragar esos malditos zapatos.
Usted ya sabe, que no es que yo quiera odiar a la gente, es más bien algo natural.
Usted dirá que me irrito con facilidad, y que soy una especie de antropofóbico crónico, pero en el fondo, yo sé que todos odiamos a la gente, en cierta medida.
Y a pesar de que el odiar a la gente, me quite mi humanidad, me mantengo en mi postura; La gente es una mierda. La gente y sus zapatos, son una mierda.
La paloma emprendió, un vuelo apresurado, intentando frenéticamente escapar del vómito verbal, del cuál, estaba siendo víctima.
~ ¡Doctor! ¿Por qué me deja?, no sea descarado, ya le pagué la hora completa.¡Lo voy a denunciar al sindicato!, ¿Me oyó? , ¿Doctor?.
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