"Corres solitario por los salones. Bailando un vals insonoro.
Recorriendo cada centímetro de la ciudad, sin esperar a que los demás te alcancen. Ellos van detrás de ti, pero no los puedes oír. La acústica de este lugar apesta.
Y repites esa plegaria que te enseñaron cuando niño. Ésa que te ayuda a dormir en los días de lluvia. Ésa que te acompaña silente, en tus peores momentos.
Sabes que estás perdido, pero como siempre, temes pedir ayuda.
Ajustas la música, en un intento disperso por olvidar tus problemas.
La vida es más simple de lo que parece.
Y retomas el ritmo. Moviendo las piernas hacia adelante y hacia atrás. ¿Quién diría que una persona con el corazón roto, podría correr tan rápido? Bueno, en realidad, es bastante obvio, que de desastres de tipo nuclear, siempre emergen mutaciones genéticas. Eso a veces es bueno.
Reconoces que haz cambiado, reconoces que el mundo cambia, reconoces que lo eterno no existe, y que valorar este hecho, es lo que te mantendrá vivo.
Respiras lentamente. Sientes el aire a través de tus dedos, en tu lengua, en tus ojos, peinando tu cabello con sutileza.
No debes temer más. Estoy aquí contigo. Es un hecho irrefutable.
Las luces nocturnas aparecen, y este idilio parece eterno. Lo sé, nada es eterno. Aunque la nada misma es eterna en sí. Está bien, la Filosofía tiende irritar a todos.
Sientes que si cierras los ojos todo acabará. Piensas que, en una combustión instantánea, todo lo que haz logrado se irá.
La verdad a veces lo pienso también. Para luego perderme en un suspiro, flotando hacia un vacío que no entiendo del todo, y me quedo ahí, de manera estacionaria. Creyendo que estoy sola.
Luego me doy cuenta de que no existe esa posibilidad.
Estar 'solo', no es un estado perpetuo. Sino más bien transitorio...
Es entonces que vislumbro que siempre hay 'alguien'.
Entonces me permito descansar, 'dormir' como lo llaman algunos. Más bien, darle una razón a mi cuerpo para detenerse.
Así que no temas. La vida seguirá ahí cuando despiertes. Al igual que tú y yo."
21 febrero 2013
14 noviembre 2012
"Bailando con la Metáfora".
"Miró por la ventana, sin saber qué era realmente lo que hacía. Como esas acciones que se cometen sin un propósito, ésas que se desatan de manera maquinal.
Encendió un cigarrillo, mientras fijaba su mirada, buscando un punto no tan lejano, utilizando el mínimo esfuerzo por parte de su cuello y su cabeza, aún agobiados por el ajetreado día. Sólo a unos cuantos centímetros de inclinación, encontró el vacío entre los tejados de las casas vecinas.
El humo saliendo lentamente por su boca, la hizo olvidar. Aunque fuese por unos segundos, olvidó su patética situación. Concentrándose por completo, en la acción de inhalar y exhalar.
Mirando cómo el pequeño tubo de tabaco se consumía entre sus dedos. Observando a la persistente flama, que se expandía hasta el filtro del cigarrillo, pensó en lo que el toque de sus labios y un poco de aire podían hacer si trabajaban en conjunto... Entonces hizo la conexión entre las ideas. Visualizó la maldita metáfora de su vida amorosa, en la simple imagen del cigarrillo consumiéndose bajo sus labios.
Sintió como le comenzaba a arder el cuerpo. Sintió como le temblaban las piernas. Se sintió como su pequeño cigarrillo, indefenso a merced del aliento, pero anhelante a ser consumido por esos labios, que aunque significarían su extinción, a la vez se traducen en la epítome de su propósito. Pues para qué más se crearon los cigarrillos, si no fue para morir bajo el suspiro intenso del consumidor.
El fuego casi le tocaba los dedos. La desesperación le invadió las entrañas. "Yo soy el cigarrillo, bajo sus labios", murmuró con torpeza.
Miró con pánico como el cigarrillo se apagaba, entonces por un instante quiso salvarlo de su muerte. ¿Si aplicaba más fuego, tal vez...? No, eso sólo lo empeoraría. Lo vería morir ante sus ojos, y eso significaría la aceptación de la metáfora. Y jamás aceptaría tal derrota.
Entonces comprendió que no era sólo el cigarrillo el que dependía de su aliento para cumplir con su cometido. Sino, que a la vez el consumidor era dependiente de lo que el cigarrillo le brindaba. Pasión, ocio, contemplación, reflexiones tardías, enamoramiento y más, todo envuelto en un humo grisáceo...
Así que decidió que lo dejaría cumplir con su misión. Inhaló profundamente y lo vio desaparecer al final del filtro.
Sonrió mientras apagaba la colilla en el cenicero que estaba sobre su escritorio.
Quizás, la ambivalencia fuese compartida, pensó.
Entonces se aproximó a la cama, se tapó lentamente hasta el cuello, y dejó que el sueño dominara su cuerpo".
Encendió un cigarrillo, mientras fijaba su mirada, buscando un punto no tan lejano, utilizando el mínimo esfuerzo por parte de su cuello y su cabeza, aún agobiados por el ajetreado día. Sólo a unos cuantos centímetros de inclinación, encontró el vacío entre los tejados de las casas vecinas.
El humo saliendo lentamente por su boca, la hizo olvidar. Aunque fuese por unos segundos, olvidó su patética situación. Concentrándose por completo, en la acción de inhalar y exhalar.
Mirando cómo el pequeño tubo de tabaco se consumía entre sus dedos. Observando a la persistente flama, que se expandía hasta el filtro del cigarrillo, pensó en lo que el toque de sus labios y un poco de aire podían hacer si trabajaban en conjunto... Entonces hizo la conexión entre las ideas. Visualizó la maldita metáfora de su vida amorosa, en la simple imagen del cigarrillo consumiéndose bajo sus labios.
Sintió como le comenzaba a arder el cuerpo. Sintió como le temblaban las piernas. Se sintió como su pequeño cigarrillo, indefenso a merced del aliento, pero anhelante a ser consumido por esos labios, que aunque significarían su extinción, a la vez se traducen en la epítome de su propósito. Pues para qué más se crearon los cigarrillos, si no fue para morir bajo el suspiro intenso del consumidor.
El fuego casi le tocaba los dedos. La desesperación le invadió las entrañas. "Yo soy el cigarrillo, bajo sus labios", murmuró con torpeza.
Miró con pánico como el cigarrillo se apagaba, entonces por un instante quiso salvarlo de su muerte. ¿Si aplicaba más fuego, tal vez...? No, eso sólo lo empeoraría. Lo vería morir ante sus ojos, y eso significaría la aceptación de la metáfora. Y jamás aceptaría tal derrota.
Entonces comprendió que no era sólo el cigarrillo el que dependía de su aliento para cumplir con su cometido. Sino, que a la vez el consumidor era dependiente de lo que el cigarrillo le brindaba. Pasión, ocio, contemplación, reflexiones tardías, enamoramiento y más, todo envuelto en un humo grisáceo...
Así que decidió que lo dejaría cumplir con su misión. Inhaló profundamente y lo vio desaparecer al final del filtro.
Sonrió mientras apagaba la colilla en el cenicero que estaba sobre su escritorio.
Quizás, la ambivalencia fuese compartida, pensó.
Entonces se aproximó a la cama, se tapó lentamente hasta el cuello, y dejó que el sueño dominara su cuerpo".
06 noviembre 2012
"Comidilla de la conciencia"
"Realmente me ofendo por cosas superfluas... El hecho de estarlo escribiendo como una niña boba, me enferma.
Me vuelvo más siútica con la edad.
Todos dicen: "No te tomes las cosas tan enserio". Pero tampoco hay que descuidar aspectos de tu vida.
Osea, lo que realmente impera aquí, es encontrar equilibrio entre estos dos puntos.
El equilibrio entre ser preocupada, pero no neurótica. Entre ser relajada, pero no descuidada...
Y ahí mi cerebro sufrió un shock.
¿Cómo esperan que una persona haga tantas cosas a la vez?
Y yo, que feliz miraría mi vida de lejos. Así, alguien más tomaría las decisiones, y yo sólo tendría que respirar.
Bastante absurdo mi anhelo, pero a veces me gustaría no tener que pensar tanto.
Cuando me dijeran algo, no buscarle un trasfondo. No manosear una simple frase, que siempre fue y será eso. Una simple frase.
Si te dicen algo, es así. Literal.
Me suele suceder, que me quedo con alguna frase o un gesto que alguien realiza hacia mí. Y le doy vueltas, una y otra vez.
Lo manoseo entero, ya? Esa es la cosa.
Me gustaría ser menos racional. Quitar esa indecisión morbosa.
Sí morbosa, porque está clavada en mí de manera inherente, y ya no sé si es parte de mí, o si ha cobrado vida propia, y ahora es ella la que controla todo."
Me vuelvo más siútica con la edad.
Todos dicen: "No te tomes las cosas tan enserio". Pero tampoco hay que descuidar aspectos de tu vida.
Osea, lo que realmente impera aquí, es encontrar equilibrio entre estos dos puntos.
El equilibrio entre ser preocupada, pero no neurótica. Entre ser relajada, pero no descuidada...
Y ahí mi cerebro sufrió un shock.
¿Cómo esperan que una persona haga tantas cosas a la vez?
Y yo, que feliz miraría mi vida de lejos. Así, alguien más tomaría las decisiones, y yo sólo tendría que respirar.
Bastante absurdo mi anhelo, pero a veces me gustaría no tener que pensar tanto.
Cuando me dijeran algo, no buscarle un trasfondo. No manosear una simple frase, que siempre fue y será eso. Una simple frase.
Si te dicen algo, es así. Literal.
Me suele suceder, que me quedo con alguna frase o un gesto que alguien realiza hacia mí. Y le doy vueltas, una y otra vez.
Lo manoseo entero, ya? Esa es la cosa.
Me gustaría ser menos racional. Quitar esa indecisión morbosa.
Sí morbosa, porque está clavada en mí de manera inherente, y ya no sé si es parte de mí, o si ha cobrado vida propia, y ahora es ella la que controla todo."
16 octubre 2012
"Una noche de Verano, no es intertextualidad."
"Temblábanle las manos sin control alguno. Su cuerpo reverberando en silencio, anunciaba la tan odiada incoherencia. Ésta, inoportuna, se presentaba cada vez que la veía, o le hablaba, incluso cada vez que la escuchaba venir hacia él, con esas ruidosas zapatillas con suela de goma, que a él tanto le gustaban y que ella usaba cada vez que podía, (o cada vez que el clima se lo permitía.)
Quería hablarle. Decirle tantas cosas...
Nuevamente hablaban de temas superfluos. Impaciente, abre la boca para decirlo todo. Ella lo mira atenta.
Creyendo que lo lograría, deja hablar a su corazón,(Aunque técnicamente éste no cumpla dicha función, pensó)¡ADELANTE! DILE TODO... Ni aire salió de sus labios.
Corazón cobarde, pensó. ¡NO! YO SOY EL COBARDE. Cómo no decirle que la amo... Si sólo debo decirlo. VAMOS, ARRIÉSGATE. (...) Pero nada afloró de su pecho. Se asombró de su propia falta de coraje.
Alguna vez se preguntó si esa era 'su cruz', (ya saben, en una de esas encantadoras noches de verano, donde el ocio se abre paso a través de la somnolencia.)
Si acaso el hecho de no ser capaz de decirle lo que sentía por ella, y estar destinado a estos diálogos corteses, dónde el tópico de mayor relevancia era qué vieron en la televisión el día anterior, sería la carga que debería llevar para toda su vida.
Pensó en su situación. ERES UN INCAPACITADO EMOCIONAL. UN ENFERMO, se dijo. Y ERES TAN PATÉTICO, QUE NO HACES NADA POR CAMBIAR, ERES... (...) De qué valía autodestruirse, de qué valía sabotear cada intento de acercarse, si al fin y al cabo, ni siquiera estaba seguro de amarla. Nada en la vida es seguro, pensó.
A quién engañaba. La amaba. La amaba tanto, que le quemaba las entrañas pensar en ello. Le ardía el cuerpo, se le secaba la boca, le sudaban las palmas y el corazón le latía más rápido. Se sentía enfermo, pero adoraba esa sensación de debilidad. Se avergonzaba de sentirse así, y a la vez anhelaba dichos síntomas a cada hora del día. Exudaba ambivalencia, por cada poro de su piel. (...)
Ella seguía hablando de minucias. ¡Dios!, cómo amaba la manera en que ella hacía parecer importantes, las cosas más absurdas. Escuchó cada sílaba que ella emitió. Atrapó cada suspiro entre frases, como un niño egoísta que acapara un juguete sólo para él. Y dedicó plena atención a las palabras de esa mujer. (...)
Eran ya las diez de la noche, cuando ella miró su reloj. - Me tengo que ir, dijo ella suspirando, mirando aún el reloj.
- No, no puede ser que ya sean las diez. Comentó él con pesar, pues bien sabía, que a esa hora en particular, ella tomaba el autobús a su casa.
- Realmente te gusta escucharme hablar, dijo ella de manera risueña mientras lo miraba directamente a los ojos.
En un arranque de sinceridad, (que parecía de éstos que son propiciados por alguna droga, alcohol, brebaje místico u otra clase de estimulante, pero que en este caso sólo se generó por la sinceridad acumulada durante años) le dijo:
- Sí, la verdad, es mi parte favorita del día.
Cuando terminó esta simple frase, sintió como su torso se paralizaba, mientras procesaba lo que acababa de decirle a ella. ¿En qué universo paralelo, se le hubiese ocurrido siquiera decir algo parecido? Se había delatado por completo.
Se aprontaba a recibir el golpe certero de un rechazo esperado por tantos años. (Para ser exactos dos años, desde el día que entre risas y un cigarrillo, se dio cuenta que la amaba).
Ella lo miró con curiosidad, mordiéndose el el labio inferior. Entonces vociferó con decisión:
- Ves, eso es lo que más me gusta de ti.
Se sintió descolocado, enmudecido, amordazado por una fuerza invisible.
Su cuerpo se contraía, sin saber cómo debía actuar. Se sentía extraño, como si lo que ella le acababa de decir, fuese incorrecto, o indebido (...)
Ella hizo un ademán, lo besó en la mejilla y luego con premura, corrió hacía la parada del autobús.
Esas agridulces palabras, ahora pululaba en su cerebro de manera agresiva y constante... "ves, eso es lo que más me gusta de ti". ¿Qué acaso ella...? Una sensación de calor se apoderó de su rostro, trató de balbucear un 'adiós', pero ella ya se encontraba muy lejos para oírlo.
No sabía qué hacer. Realmente no sabía qué hacer. Es decir, ¿acaso ella acababa de decir, lo que él creyó oír?... Al parecer, el tema de ésta y muchas otras noches sería ese.
Cómo no amar aquellas noches de verano..."
Quería hablarle. Decirle tantas cosas...
Nuevamente hablaban de temas superfluos. Impaciente, abre la boca para decirlo todo. Ella lo mira atenta.
Creyendo que lo lograría, deja hablar a su corazón,(Aunque técnicamente éste no cumpla dicha función, pensó)¡ADELANTE! DILE TODO... Ni aire salió de sus labios.
Corazón cobarde, pensó. ¡NO! YO SOY EL COBARDE. Cómo no decirle que la amo... Si sólo debo decirlo. VAMOS, ARRIÉSGATE. (...) Pero nada afloró de su pecho. Se asombró de su propia falta de coraje.
Alguna vez se preguntó si esa era 'su cruz', (ya saben, en una de esas encantadoras noches de verano, donde el ocio se abre paso a través de la somnolencia.)
Si acaso el hecho de no ser capaz de decirle lo que sentía por ella, y estar destinado a estos diálogos corteses, dónde el tópico de mayor relevancia era qué vieron en la televisión el día anterior, sería la carga que debería llevar para toda su vida.
Pensó en su situación. ERES UN INCAPACITADO EMOCIONAL. UN ENFERMO, se dijo. Y ERES TAN PATÉTICO, QUE NO HACES NADA POR CAMBIAR, ERES... (...) De qué valía autodestruirse, de qué valía sabotear cada intento de acercarse, si al fin y al cabo, ni siquiera estaba seguro de amarla. Nada en la vida es seguro, pensó.
A quién engañaba. La amaba. La amaba tanto, que le quemaba las entrañas pensar en ello. Le ardía el cuerpo, se le secaba la boca, le sudaban las palmas y el corazón le latía más rápido. Se sentía enfermo, pero adoraba esa sensación de debilidad. Se avergonzaba de sentirse así, y a la vez anhelaba dichos síntomas a cada hora del día. Exudaba ambivalencia, por cada poro de su piel. (...)
Ella seguía hablando de minucias. ¡Dios!, cómo amaba la manera en que ella hacía parecer importantes, las cosas más absurdas. Escuchó cada sílaba que ella emitió. Atrapó cada suspiro entre frases, como un niño egoísta que acapara un juguete sólo para él. Y dedicó plena atención a las palabras de esa mujer. (...)
Eran ya las diez de la noche, cuando ella miró su reloj. - Me tengo que ir, dijo ella suspirando, mirando aún el reloj.
- No, no puede ser que ya sean las diez. Comentó él con pesar, pues bien sabía, que a esa hora en particular, ella tomaba el autobús a su casa.
- Realmente te gusta escucharme hablar, dijo ella de manera risueña mientras lo miraba directamente a los ojos.
En un arranque de sinceridad, (que parecía de éstos que son propiciados por alguna droga, alcohol, brebaje místico u otra clase de estimulante, pero que en este caso sólo se generó por la sinceridad acumulada durante años) le dijo:
- Sí, la verdad, es mi parte favorita del día.
Cuando terminó esta simple frase, sintió como su torso se paralizaba, mientras procesaba lo que acababa de decirle a ella. ¿En qué universo paralelo, se le hubiese ocurrido siquiera decir algo parecido? Se había delatado por completo.
Se aprontaba a recibir el golpe certero de un rechazo esperado por tantos años. (Para ser exactos dos años, desde el día que entre risas y un cigarrillo, se dio cuenta que la amaba).
Ella lo miró con curiosidad, mordiéndose el el labio inferior. Entonces vociferó con decisión:
- Ves, eso es lo que más me gusta de ti.
Se sintió descolocado, enmudecido, amordazado por una fuerza invisible.
Su cuerpo se contraía, sin saber cómo debía actuar. Se sentía extraño, como si lo que ella le acababa de decir, fuese incorrecto, o indebido (...)
Ella hizo un ademán, lo besó en la mejilla y luego con premura, corrió hacía la parada del autobús.
Esas agridulces palabras, ahora pululaba en su cerebro de manera agresiva y constante... "ves, eso es lo que más me gusta de ti". ¿Qué acaso ella...? Una sensación de calor se apoderó de su rostro, trató de balbucear un 'adiós', pero ella ya se encontraba muy lejos para oírlo.
No sabía qué hacer. Realmente no sabía qué hacer. Es decir, ¿acaso ella acababa de decir, lo que él creyó oír?... Al parecer, el tema de ésta y muchas otras noches sería ese.
Cómo no amar aquellas noches de verano..."
27 octubre 2011
Es verdad.
A veces aunque uno sabe lo que tiene que hacer, prefiere ignorar sus responsabilidades, y disfrutar del placer que conlleva no hacer nada.
Me pasa ahora, y me pasará en otros momentos, lo sé.
¿Es difícil aceptar que nos estamos equivocando?
Es bueno escribirlo, me hace ver que realmente debo cambiar.....
Me pasa ahora, y me pasará en otros momentos, lo sé.
¿Es difícil aceptar que nos estamos equivocando?
Es bueno escribirlo, me hace ver que realmente debo cambiar.....
26 agosto 2011
"Halloween, para mi"
Era una noche de Halloween, y la verdad nunca antes había querido celebrarla, pues la encontraba una celebración estúpida, y muy poco propia de mi país, pero justo esa noche, fui persuadida por mis amigos, que nunca aceptan un NO, como respuesta.
Así que decidimos ir a la casa de José, a ( ilusamente), pedir golosinas, a cuánta casa viéramos.
Para qué comentar lo ridículos que nos veíamos. Niños de casi 15 años, disfrazados. Eso era para "YouTube".
Una pirata vestida con cortinas de baño, una fantasma hecha de sábanas, y un vampiro con la cara dibujada con plumones permanentes. No nos juzguen, siempre fuimos muy infantiles. Yo diría que hasta hoy, conservo una parte de aquella niña ilusa.
Cuando uno se imagina Halloween, lo primero que se le viene a la mente son niños, corriendo molestamente por las calles, pidiendo golosinas, y amenazando fútilmente, con travesuras, que no siempre se cumplen...
Pero, cuando se amplía el concepto, se nos viene a la mente miedo, horror, criaturas nocturnas, y demases.
De eso se trata esta historia, del único y fatídico día, en que se nos ocurrió celebrar Halloween.
"__¡José, Andrea!, ¿Me pueden esperar?...Miren que no distingo mucho, estas calles casi no están iluminadas.
En efecto, los postes de luz en aquel barrio, eran bastante defectuosos, por lo que funcionaban en ciertos sectores, para luego dejar de funcionar, hasta cuatro pasajes más adelante.
Los amigos se detuvieron para esperar a Cristina que rápidamente se les incorporó.
La idea era recolectar la mayor cantidad de dulces, antes de que anocheciera por completo.
Eran casi las 9:00 P:M, y no se divisaban niños por ningún lado.
Un escalofrío se deslizaba constantemente por sus espaldas, sin notarlo, avanzaron más de 10 cuadras....
__ José, no creo conocer este lugar, dijo Andrea temblorosa.
__Yo, tampoco había visto nunca este lugar, ¿Por qué no nos devolvemos?, dijo Cristina lentamente.
José, se quedó en silencio, reflexionando , ¿en qué lugar estaban?. De pronto, su rostro palideció, fragmentos de una conversación había retornado a su mente. No podía creerlo.
__Creo saber donde estamos, dijo con torpeza. Mi abuela nos contó a mi hermano y a mi, una historia relacionada con este lugar, no lo recuerdo del todo, sólo recuerdo que una persona murió aquí, cerca de la línea del tren.... y ....
__¡Qué!, gritaron las chicas, al unísono.
Y dicen que su casa era ésta. Levantando su mano con rudeza, la dirigió hacia una casa que se hallaba a unos dos metros de ellos.
Los jóvenes la admiraron con profundo temor. Y bien hacían en temerle, era una casa horrenda, que se caía a pedazos, la pintura se deshojaba con el toque del viento, el patio delantero estaba saturado de malezas, las ventanas en su mayoría rotas, dentro repicaba el crujir de la madera húmeda, y en frente una oxidada reja, de color rojo. Podría haber sido una ilusión, pero daba la impresión de que su tono escarlata, era por completo sangre del antiguo dueño de ésta.
Los tres giraron la cabeza hacia la aterradora casa. No tenían idea, de por qué, no la habían visto al ir caminando. ¿De verdad, cuando uno está distraído, no se percata de las cosas a su alrededor?
José tomó de las manos a las niñas, y las guió cerca de la casa.
__Qué haces?, dijo Cristina. Estás loco, no quiero entrar ahí..
__ Yo tampoco, dijo Andrea. No me parece muy buena idea.
__ ¡Que son cobardes!, no se ha vivido un verdadero Halloween, hasta que no nos asustemos de verdad, ¿no creen?, dijo José con un tono burlesco.
Las dos niñas accedieron, y aunque el temor las hacía querer irse, la adrenalina las instaba a entrar y terminar con lo que hubiesen iniciado.
Abrieron la reja con mucho cuidado, pero aún así el roce de los arcaicos metales, retumbaron estruendosamente. Los tres contorsionaron sus rostros por el agudo sonido.
Avanzaron con sigilo hasta la puerta, la cuál extrañamente tenía unas iniciales marcadas en ella.
__ "S.P", repitió Cristina. No le dieron mayor importancia a aquellas letras, seguramente algún niño, lo había tallado allí, por diversión.
La puerta estaba trabada por una débil rejilla, por lo que con una patada de José, cedió de inmediato.
José las miro con suficiencia, Las chicas miraron hacía otro lado, y rieron silenciosamente por la ostentosa presentación de su amigo.
Siguieron avanzando, y llegaron a la cocina. (si a eso se le puede llamar cocina). Al lado del fregadero, había una escalera de caracol, que llevaba a los dormitorios del segundo piso.
Los tres se miraron.
__Ya estamos aquí, terminemos con esto. Dijo Cristina, envalentonada por la adrenalina.
__Ok!, dijo José, Así me gusta..... Andrea, ¿vienes o no?
__Bueno, prefiero ir que quedarme sola aquí. Dijo Andrea casi en un susurro.
Cristina se les adelantó, subiendo cuidadosamente por la vieja escalera. Muy cerca de ella estaba José, y luego Andrea, que miraba constantemente hacía abajo.
Los pasos de los tres, se hicieron uno, avanzando cada vez que el otro se movía.
Llegando al segundo piso, un fuerte remesón los atacó. Era un sonido espantoso, acompañado de un movimiento parecido al de un temblor.
Cristina le tomó el hombro fuertemente a José. Como pidiéndole que escaparan de aquel lugar.
José no se movió ni un centímetro, sólo se limito a decir....
__¡El tren! no se asusten fue el tren. Ustedes saben que el tren pasa muy seguido, por la vías atrás de esta villa.
Los tres bajaron la guardia por unos instantes, quizás se estaban imaginando todos estos ruidos, la tensión de entrar a un lugar desconocido, la adrenalina que proporcionaba Halloween, además de aquella solitaria noche, estaban haciendo estragos en sus mentes. Se detuvieron a media escalera, para retomar el aliento.
__Sigamos,pero, vamos a mirar el cuarto de arriba y nos vamos, ya. Dijo Cristina, suspirando.
__Bueno, dijo José, ya más tranquilo.
__Está bien, nos vamos apenas veamos qué hay arriba. Dijo con más calma Andrea.
El dormitorio superior los esperaba. Terminaron al fin la monstruosa escalera, y se toparon con el único cuarto abierto. Un haz de luz de luna se asomaba por los cristales rotos, de la ventana ubicada al costado derecho del cuarto. Los tres entraron al mismo tiempo, con la emoción a flor de piel, y la excitación que sólo podría brindar una situación de peligro. Se asomaron al cuarto, Bombeábales el corazón, sangre a chorros, a cada una de sus venas, y éstas palpitaban tan desvocadamente, que casi creyeron sufrir un ataque cardiaco.
La emoción duró tan sólo diez segundos, para luego dar paso, a un terror incontenible, y a una necesidad de escapar de ahí, aunque fuese lanzándose por la ventana.
Se supone que la vista funciona, conectada directamente con el cerebro, y éste según lo que veamos, nos manda diferentes emociones...
No podían creer lo que veían, Cristina no paraba de gritar ante aquel monstruoso ente, Andrea sólo lloraba con la cara pegada a sus manos, y José miraba con espanto a aquella cama, observando asqueado los restos de un cuerpo hecho huesos, partido en medio.
Tardaron en darse cuenta, pero al fin se percataron, eran los restos de aquella persona. Nunca la enterraron, y quizás quién lo llevó hasta aquí, ¿ su asesino?..... José se movió rápidamente....
__No podemos quedarnos aquí. Sujetó de la mano a Cristina, y de un remesón la hizo volver en sí.
__Vámonos Andrea, dijo José, sujetándola de la mano.
Corrieron frenéticamente, para escapar de ahí. No tardaron más de cinco minutos en salir a la calle.
Asimismo corrieron camino a casa de José, sólo cuando estuvieron a metros de ésta, pararon a respirar...
__¿Qué demonios fue eso?, dijo Andrea en un grito.
__Era... era, tartamudeó José.
__Era el cuerpo de la persona que murió cerca de la línea del tren. Eso era lo que ibas a decir, no es verdad José. Dijo Cristina
__Sí, eso era lo que pensaba decir. Murmuró José.
Los tres se miraron con espanto. Caminaron silenciosamente hasta la casa de José. No dijeron nada hasta que se fueron a dormir.
__ Mañana debemos ir a esa casa. Miró José a las dos chicas, esperando que se negaran.
__Está bien, debemos ir, y ver si fue una ilusión o en verdad sucedió. Cristina puso énfasis en ilusión. Tratando de negar lo que vieron.
Andrea sólo asintió, con la mente en otros asuntos. Esperaba no soñar con el horrible hallazgo del cadáver de hace sólo unas horas.
Durmieron, para olvidar lo sucedido.....
Al día siguiente, se levantaron temprano, para no levantar sospechas. Se encaminaron raudamente a la dichosa casa.
Estando ya cerca de allí, notaron que no aparecía por ningún lado. Sí estaban las casas aledañas, pero justamente la casa donde se hallaba el cadáver, no aperecía por ningún lado.
De pronto, Andrea los llama con apuro. José y Cristina corrieron hacia su amiga. Ésta miraba pasmada el suelo.
Dirigieron la mirada a la arena amarillenta de la calzada. Palidecieron en conjunto, al notar que en la arena se escribían unas cuantas letras....
ADIÓS.... S.P.__"
Eso es lo que sucede cuando buscas algo que, enrealidad nunca fue de tu incumbencia.......
Así que decidimos ir a la casa de José, a ( ilusamente), pedir golosinas, a cuánta casa viéramos.
Para qué comentar lo ridículos que nos veíamos. Niños de casi 15 años, disfrazados. Eso era para "YouTube".
Una pirata vestida con cortinas de baño, una fantasma hecha de sábanas, y un vampiro con la cara dibujada con plumones permanentes. No nos juzguen, siempre fuimos muy infantiles. Yo diría que hasta hoy, conservo una parte de aquella niña ilusa.
Cuando uno se imagina Halloween, lo primero que se le viene a la mente son niños, corriendo molestamente por las calles, pidiendo golosinas, y amenazando fútilmente, con travesuras, que no siempre se cumplen...
Pero, cuando se amplía el concepto, se nos viene a la mente miedo, horror, criaturas nocturnas, y demases.
De eso se trata esta historia, del único y fatídico día, en que se nos ocurrió celebrar Halloween.
"__¡José, Andrea!, ¿Me pueden esperar?...Miren que no distingo mucho, estas calles casi no están iluminadas.
En efecto, los postes de luz en aquel barrio, eran bastante defectuosos, por lo que funcionaban en ciertos sectores, para luego dejar de funcionar, hasta cuatro pasajes más adelante.
Los amigos se detuvieron para esperar a Cristina que rápidamente se les incorporó.
La idea era recolectar la mayor cantidad de dulces, antes de que anocheciera por completo.
Eran casi las 9:00 P:M, y no se divisaban niños por ningún lado.
Un escalofrío se deslizaba constantemente por sus espaldas, sin notarlo, avanzaron más de 10 cuadras....
__ José, no creo conocer este lugar, dijo Andrea temblorosa.
__Yo, tampoco había visto nunca este lugar, ¿Por qué no nos devolvemos?, dijo Cristina lentamente.
José, se quedó en silencio, reflexionando , ¿en qué lugar estaban?. De pronto, su rostro palideció, fragmentos de una conversación había retornado a su mente. No podía creerlo.
__Creo saber donde estamos, dijo con torpeza. Mi abuela nos contó a mi hermano y a mi, una historia relacionada con este lugar, no lo recuerdo del todo, sólo recuerdo que una persona murió aquí, cerca de la línea del tren.... y ....
__¡Qué!, gritaron las chicas, al unísono.
Y dicen que su casa era ésta. Levantando su mano con rudeza, la dirigió hacia una casa que se hallaba a unos dos metros de ellos.
Los jóvenes la admiraron con profundo temor. Y bien hacían en temerle, era una casa horrenda, que se caía a pedazos, la pintura se deshojaba con el toque del viento, el patio delantero estaba saturado de malezas, las ventanas en su mayoría rotas, dentro repicaba el crujir de la madera húmeda, y en frente una oxidada reja, de color rojo. Podría haber sido una ilusión, pero daba la impresión de que su tono escarlata, era por completo sangre del antiguo dueño de ésta.
Los tres giraron la cabeza hacia la aterradora casa. No tenían idea, de por qué, no la habían visto al ir caminando. ¿De verdad, cuando uno está distraído, no se percata de las cosas a su alrededor?
José tomó de las manos a las niñas, y las guió cerca de la casa.
__Qué haces?, dijo Cristina. Estás loco, no quiero entrar ahí..
__ Yo tampoco, dijo Andrea. No me parece muy buena idea.
__ ¡Que son cobardes!, no se ha vivido un verdadero Halloween, hasta que no nos asustemos de verdad, ¿no creen?, dijo José con un tono burlesco.
Las dos niñas accedieron, y aunque el temor las hacía querer irse, la adrenalina las instaba a entrar y terminar con lo que hubiesen iniciado.
Abrieron la reja con mucho cuidado, pero aún así el roce de los arcaicos metales, retumbaron estruendosamente. Los tres contorsionaron sus rostros por el agudo sonido.
Avanzaron con sigilo hasta la puerta, la cuál extrañamente tenía unas iniciales marcadas en ella.
__ "S.P", repitió Cristina. No le dieron mayor importancia a aquellas letras, seguramente algún niño, lo había tallado allí, por diversión.
La puerta estaba trabada por una débil rejilla, por lo que con una patada de José, cedió de inmediato.
José las miro con suficiencia, Las chicas miraron hacía otro lado, y rieron silenciosamente por la ostentosa presentación de su amigo.
Siguieron avanzando, y llegaron a la cocina. (si a eso se le puede llamar cocina). Al lado del fregadero, había una escalera de caracol, que llevaba a los dormitorios del segundo piso.
Los tres se miraron.
__Ya estamos aquí, terminemos con esto. Dijo Cristina, envalentonada por la adrenalina.
__Ok!, dijo José, Así me gusta..... Andrea, ¿vienes o no?
__Bueno, prefiero ir que quedarme sola aquí. Dijo Andrea casi en un susurro.
Cristina se les adelantó, subiendo cuidadosamente por la vieja escalera. Muy cerca de ella estaba José, y luego Andrea, que miraba constantemente hacía abajo.
Los pasos de los tres, se hicieron uno, avanzando cada vez que el otro se movía.
Llegando al segundo piso, un fuerte remesón los atacó. Era un sonido espantoso, acompañado de un movimiento parecido al de un temblor.
Cristina le tomó el hombro fuertemente a José. Como pidiéndole que escaparan de aquel lugar.
José no se movió ni un centímetro, sólo se limito a decir....
__¡El tren! no se asusten fue el tren. Ustedes saben que el tren pasa muy seguido, por la vías atrás de esta villa.
Los tres bajaron la guardia por unos instantes, quizás se estaban imaginando todos estos ruidos, la tensión de entrar a un lugar desconocido, la adrenalina que proporcionaba Halloween, además de aquella solitaria noche, estaban haciendo estragos en sus mentes. Se detuvieron a media escalera, para retomar el aliento.
__Sigamos,pero, vamos a mirar el cuarto de arriba y nos vamos, ya. Dijo Cristina, suspirando.
__Bueno, dijo José, ya más tranquilo.
__Está bien, nos vamos apenas veamos qué hay arriba. Dijo con más calma Andrea.
El dormitorio superior los esperaba. Terminaron al fin la monstruosa escalera, y se toparon con el único cuarto abierto. Un haz de luz de luna se asomaba por los cristales rotos, de la ventana ubicada al costado derecho del cuarto. Los tres entraron al mismo tiempo, con la emoción a flor de piel, y la excitación que sólo podría brindar una situación de peligro. Se asomaron al cuarto, Bombeábales el corazón, sangre a chorros, a cada una de sus venas, y éstas palpitaban tan desvocadamente, que casi creyeron sufrir un ataque cardiaco.
La emoción duró tan sólo diez segundos, para luego dar paso, a un terror incontenible, y a una necesidad de escapar de ahí, aunque fuese lanzándose por la ventana.
Se supone que la vista funciona, conectada directamente con el cerebro, y éste según lo que veamos, nos manda diferentes emociones...
No podían creer lo que veían, Cristina no paraba de gritar ante aquel monstruoso ente, Andrea sólo lloraba con la cara pegada a sus manos, y José miraba con espanto a aquella cama, observando asqueado los restos de un cuerpo hecho huesos, partido en medio.
Tardaron en darse cuenta, pero al fin se percataron, eran los restos de aquella persona. Nunca la enterraron, y quizás quién lo llevó hasta aquí, ¿ su asesino?..... José se movió rápidamente....
__No podemos quedarnos aquí. Sujetó de la mano a Cristina, y de un remesón la hizo volver en sí.
__Vámonos Andrea, dijo José, sujetándola de la mano.
Corrieron frenéticamente, para escapar de ahí. No tardaron más de cinco minutos en salir a la calle.
Asimismo corrieron camino a casa de José, sólo cuando estuvieron a metros de ésta, pararon a respirar...
__¿Qué demonios fue eso?, dijo Andrea en un grito.
__Era... era, tartamudeó José.
__Era el cuerpo de la persona que murió cerca de la línea del tren. Eso era lo que ibas a decir, no es verdad José. Dijo Cristina
__Sí, eso era lo que pensaba decir. Murmuró José.
Los tres se miraron con espanto. Caminaron silenciosamente hasta la casa de José. No dijeron nada hasta que se fueron a dormir.
__ Mañana debemos ir a esa casa. Miró José a las dos chicas, esperando que se negaran.
__Está bien, debemos ir, y ver si fue una ilusión o en verdad sucedió. Cristina puso énfasis en ilusión. Tratando de negar lo que vieron.
Andrea sólo asintió, con la mente en otros asuntos. Esperaba no soñar con el horrible hallazgo del cadáver de hace sólo unas horas.
Durmieron, para olvidar lo sucedido.....
Al día siguiente, se levantaron temprano, para no levantar sospechas. Se encaminaron raudamente a la dichosa casa.
Estando ya cerca de allí, notaron que no aparecía por ningún lado. Sí estaban las casas aledañas, pero justamente la casa donde se hallaba el cadáver, no aperecía por ningún lado.
De pronto, Andrea los llama con apuro. José y Cristina corrieron hacia su amiga. Ésta miraba pasmada el suelo.
Dirigieron la mirada a la arena amarillenta de la calzada. Palidecieron en conjunto, al notar que en la arena se escribían unas cuantas letras....
ADIÓS.... S.P.__"
Eso es lo que sucede cuando buscas algo que, enrealidad nunca fue de tu incumbencia.......
13 mayo 2011
Rememorando al papel.
Un barco de papel.....
En mis manos está, lo veo con la ilusión de una niña.
Veo la tinta que cruza sus curvas, dando forma a las ya olvidadas letras que alguna vez lo definieron como periódico. ¿Cómo habrá sido tu vida en esos tiempos?
Tienes tu propia luna, y con ella, tu propio destino...
En mis manos está, lo veo con la ilusión de una niña.
Veo la tinta que cruza sus curvas, dando forma a las ya olvidadas letras que alguna vez lo definieron como periódico. ¿Cómo habrá sido tu vida en esos tiempos?
No, mejor no recordar. Ahora eres un camaleón; Puedes ser una flor, un soldado, quizás un rústico avión, o simplemente una superficie absorvente, como dicen por ahí.....
Pero, hoy, en mis manos, eres un barco. Uno dispuesto a navegar cualquier charco, al que mis manos te guíen. Sin dudarlo, recorrerías el mar, hasta deshacerte.
Secundado por el viento, sea éste natural, o proviniente de mis labios. Da igual, lo importante es volver a la vida.Tienes tu misión y combustible, me queda sólo desearte suerte, y lanzarte así, al infinito.
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